Centro de estudios peronista Josť Armando GonzŠles - Ateneo: Nelly A. Moscheni de GonzŠles. Fundado el 08-10-2011.
  1930 Decada Infame
 



FUENTE: Texto e imagenes bajadas de sitios de Internet. 


 Década Infame


Los cuatro mandatarios del período. Desde arriba a la izquierda, en sentido dextrógiro: Uriburu, Justo, Castillo y Ortiz.

El Golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930.

Se conoce como la Década Infame, en la Argentina, el período que comienza el 6 de septiembre de 1930 con el golpe de Estado cívico-militar que derrocó al Presidente Hipólito Yrigoyen y finaliza el 4 de junio de 1943 con el golpe de Estado militar que derrocó al presidente Ramón Castillo. El nombre le fue dado por el historiador José Luis Torres.[1]

Con el contexto mundial de la Gran Depresión, al comienzo, y luego la Guerra Civil Española (1936-1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la etapa se caracterizó por el fraude electoral sistemático, la represión a los opositores, la proscripción de la Unión Cívica Radical y la corrupción generalizada.

En esta coyuntura, Argentina negoció el pacto Roca-Runciman con el Reino Unido, que garantizó las exportaciones de carne, a cambio de importantes concesiones económicas de parte de la Argentina, entre las que se destacó la concesión de todos los medios de transporte público de la ciudad de Buenos Aires a una empresa mixta denominada Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires. Por otra parte, el aislacionismo comercial de las grandes potencias contribuyó finalmente a iniciar el desarrollo industrial vía la sustitución de importaciones. La política económica se volvió dirigista y se creó el Banco Central de la República Argentina, junto a gran cantidad de organismos estatales reguladores (Junta Nacional de Granos, Junta Nacional de Carnes, etc.) y empresas públicas (Fabricaciones Militares, Altos Hornos Zapla, etc.).

Durante este período también comenzó la migración masiva del campo a la ciudad y de las provincias del norte hacia Buenos Aires y el desarrollo del sector industrial que, en 1943, superaría al sector agropecuario por primera vez en la Historia Argentina.

 

 Dictadura de José Félix Uriburu (1930-1932)



El General José Félix Uriburu inició la serie de golpes de Estado en Argentina y dictaduras militares que se extenderían hasta 1983.

Artículo principal: José Félix Uriburu#El golpe del 6 de septiembre de 1930 y el gobierno militar

El 6 de septiembre de 1930, Uriburu encabezó un golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen y estableció una dictadura militar.

La proclama revolucionaria, de inspiración fascista, fue redactada por el escritor Leopoldo Lugones. El 10 de septiembre, Uriburu fue reconocido como presidente de facto de la Nación por la Corte Suprema mediante la acordada que dio origen a la doctrina de los gobiernos de facto.[2] Disolvió el Congreso, declaró el estado de sitio, intervino todas las provincias y, en rasgos generales, quiso implantar un gobierno elitista autoritario de naturaleza fascista, régimen del que era admirador.

Aunque públicamente declaraba respetar la constitución, personalmente sentía que el país necesitaba retornar al régimen de gobierno conservador, previo a la sanción de la Ley Sáenz Peña de voto universal y secreto para varones.

Estableció un régimen represivo que incluyó por primera vez la utilización sistemática de la tortura contra los opositores políticos mediante la creación de la Sección Especial de la Policía Federal con ese fin. Detuvo a varios dirigentes políticos, entre ellos a Hipólito Yrigoyen, impuso censura a los diarios, intervino las universidades anulando el régimen de autonomía y cogobierno establecido desde la Reforma Universitaria de 1918.

A principios de 1931 llamó a elecciones en la provincia de Buenos Aires, pero luego las anuló debido a que había ganado la Unión Cívica Radical.

 La Concordancia

Artículo principal: Concordancia (Argentina)

En esas circunstancias se organizó un frente electoral para oponerse a la UCR, el partido popular de entonces, que se llamó La Concordancia, integrada por el Partido Demócrata Nacional, que unificó a los conservadores, la Unión Cívica Radical Antipersonalista, que se oponía a la hegemonía yrigoyenista en la UCR, y el Partido Socialista Independiente, un desprendimiento del Partido Socialista que daba prioridad a una alianza con las fuerzas liberales y conservadoras, con el fin de frenar al yrigoyenismo.

En noviembre de 1931, Uriburu convocó nuevamente a elecciones, luego de prohibir las candidaturas del radicalismo y organizar un sistema que se reconocía públicamente como fraudulento.[3] En esas condiciones resultó "electa" la fórmula presidencial de La Concordancia, integrada por el general Agustín P. Justo (militar, antipersonalista) y Julio Argentino Roca (hijo) (conservador, PDN).

La Concordancia lograría mantenerse en el poder, mediante la represión y el fraude, hasta ser derrocada por la llamada Revolución del 43. Los presidentes Agustín P. Justo (1932-1938) y Ramón S. Castillo (1942-1943), al igual que Robustiano Patrón Costas, candidato de La Concordancia para las elecciones previstas para 1943, eran miembros del Partido Demócrata Nacional. El presidente Roberto M. Ortiz (1938-1942) y Manuel María de Iriondo, candidato a vicepresidente en 1943, eran miembros de la Unión Cívica Radical Antipersonalista. Por su parte, el Partido Socialista Independiente, tuvo influencia en los gobiernos de La Concordancia, sobre todo en la política económica, a través de las ideas dirigistas de Federico Pinedo (hijo), quien sería dos veces ministro de Hacienda.

Gobierno de Agustín Pedro Justo (1932-1938)



El gobierno del General Agustín P. Justo se caracterizó por el fraude electoral, la represión, y los escándalos por los actos de corrupción en favor de las empresas británicas.

Artículo principal: Agustín Pedro Justo#La presidencia

Agustín P. Justo asumió como Presidente el 20 de febrero de 1932. Debido a la proscripción del radicalismo y el uso abierto de la represión y el fraude electoral, su mandato es considerado ilegítimo por muchos investigadores y sectores.

Además de la convulsión política debida al golpe, debió hacer frente a los resultados de la Gran Depresión, que había acabado con el superávit comercial y el pleno empleo de los gobiernos de Yrigoyen y Alvear. La sustitución de Hueyo por el socialista independiente Federico Pinedo como Ministro de Hacienda, marcaría un cambio en la política del gobierno. La intervención gubernamental en la economía se hizo más marcada, creándose la Junta Nacional de Granos, la de Carnes, y poco tiempo más tarde, con el asesoramiento del economista inglés Otto Niemeyer, se crearía el Banco Central de la República Argentina.

 Relación con la UCR

Durante su mandato la oposición radical, que había declarado la abstención electoral ante la ilegitimidad del régimen, fue muy marcada. En 1933 se produjeron en Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos y Misiones alzamientos radicales, que se saldaron con más de mil detenidos. Yrigoyen, gravemente enfermo, fue devuelto a Buenos Aires y mantenido bajo arresto domiciliario; moriría el 3 de julio, y su entierro en el cementerio de la Recoleta sería ocasión de una manifestación multitudinaria. En diciembre, en ocasión de la reunión de la convención nacional de la UCR, un alzamiento conjunto de militares y políticos se desató en Santa Fe, Rosario y Paso de los Libres. José Benjamín Abalos, ex-ministro de Yrigoyen, y el coronel Roberto Bosch fueron detenidos por el alzamiento, y los convencionales y dirigentes del partido encarcelados en Martín García. Alvear, antiguo padrino de Justo, se exiliaría, mientras que otros serían retenidos en el penal de Ushuaia

 Pacto Roca-Runciman

Uno de los más controvertidos sucesos del mandato de Justo fue la firma del Pacto Roca-Runciman con Gran Bretaña en 1933. Los británicos habían adoptado, en la conferencia de Ottawa de 1932, medidas tendientes a favorecer la importación procedente de sus colonias y dominios, dañando seriamente a los hacendados argentinos.

El tratado suscitó escándalo, pues el Reino Unido aseguró a la Argentina sólo un cupo inferior al de sus dominios, de 390.000 toneladas anuales de carne, a cambio de cuantiosas concesiones para las empresas británicas. El 85% de la exportación debía realizarse a través de frigoríficos británicos, las tarifas de los ferrocarriles operados por el Reino Unido no se regularían, no se fijarían derechos aduaneros sobre el carbón, se daría tratamiento especial a las empresas británicas con inversiones en Argentina y se reducirían los precios de la exportación. No menos problemáticas resultaron las declaraciones del vicepresidente Roca,

La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así ha podido decir un publicista de celosa personalidad que la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico.[4]


Lisandro de la Torre fue llamado el Fiscal de la Patria por haber expuesto la corrupción y los negociados en beneficio de los intereses británico durante el «debate de las carnes».

El senador por Santa Fe Lisandro de la Torre del Partido Demócrata Progresista fue uno de los principales opositores al tratado y denunció los delitos que bajo su amparo estaban cometiendo las empresas frigoríficas inglesas y el gobierno, llevando a la apertura de una investigación por parte del Senado que le ganó el apodo de "Fiscal de la Patria". La investigación tendría un desenlace trágico el 23 de julio de 1935, cuando el senador demócrata-progresista Enzo Bordabehere, fue asesinado de tres balazos en pleno recinto del Senado por un matón relacionado con el oficialismo, en el intento de asesinar a de la Torre. El hecho ha sido tema de la película Asesinato en el Senado de la Nación'.

El pacto Roca-Runciman fue denunciado unilateralmente en 1936 por el Reino Unido; las tratativas para sostenerlo desembocaron en la firma de otro tratado, el Malbrán-Eden, que fijó fuertes aranceles a la importación de carnes argentinas en Gran Bretaña.

 

 

 


 

 

 

 

El tratado o pacto Roca-Runciman fue un convenio firmado por el vicepresidente argentino Julio Argentino Roca (hijo); y el presidente del British Board of Trade, Sir Walter Runciman, encargado de negocios británico.
Como producto de la crisis financiera de 1930 Gran Bretaña -principal socio económico de Argentina durante la década del treinta- tomó medidas tendientes a proteger el mercado de carnes incipiente en la Commonwealth, es decir, sólo compraría carnes a sus ex colonias: Canadá, Australia y Sudáfrica, entre otras. Para evitar que la política comercial inglesa afectara la balanza comercial argentina, el gobierno del presidente Agustín Pedro Justo suscribió este pacto, que el Senado luego ratificó mediante le Ley 11.693.
El 7 de febrero de 1933 la misión encabezada por el presidente de la Republica Argentina, Agustín P. Justo, llegó a Londres, siendo recibida por Eduardo de Windsor, príncipe de Gales y futuro rey. El 1 de mayo de 1933, Julio A. Roca y Sir Walter Runciman, por la parte inglesa, firmaron el pacto.

Había una vez una oligarquía

Por Pedro Pesatti*

¿La oligarquía todavía existe? Es una palabra de viejas resonancias pero las palabras se actualizan. El tratado de las carnes Roca-Runcinman nos devuelve la lógica de las clases mas favorecidas de la Argentina.

"Argentina aceptó la liberación de impuestos para productos ingleses al mismo tiempo que tomó el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales. Paralelamente se creó el Banco Central de la República Argentina bajo la conducción de un directorio con fuerte composición de funcionarios del Imperio Británico"

"La lógica de la misión estaba marcada por los intereses de los grandes ganaderos –en particular de los invernadores que se dedicaban al comercio de carne enfriada- que a costa del desangramiento de la economía argentina pretendían mantener la misma rentabilidad previa a la crisis del treinta"


Don Hipólito Yrigoyen fue abucheado e insultado en la Sociedad Rural Argentina seis días antes del golpe de Estado que terminó con su gobierno. Se le criticaba su búsqueda de industrializar al país.

A raíz de la fuerte depresión que experimentó la economía mundial al comenzar los años ´30, Inglaterra –tal vez aprovechando estas circunstancia para obtener mayores ventajas de los negocios que hacía en la Argentina- anunció, luego de una cumbre realizada en Ottawa (Canadá) con los países miembros del Commonwealth, que sólo compraría carnes a los países que lo integraban, en particular, Australia y Canadá. La noticia en Buenos Aires causó alarma y dividió las opiniones del gobierno del presidente Justo. Su Ministro de Agricultura, Antonio de Tomaso, que se adjudicaba lógicamente las competencias para llevar adelante las negociaciones con Inglaterra, pensaba que dado el volumen de inversiones británicas en la Argentina y la calidad de nuestras carnes, había motivos más que suficientes para no temer a la determinación de Ottawa. Tomaso, que provenía del socialismo independiente, no tuvo el respaldo del gobierno y fue desplazado en las primeras negociaciones por Malbrán, el embajador de Argentina en Londres, que contaba con el abierto apoyo de los sectores oligárquicos, dueños de las mejores tierras del país. Este sector, nucleado en la emblemática Sociedad Rural Argentina y el Jockey Club, le hizo conocer al presidente Justo, en octubre de 1932, una propuesta que marcaría el antecedente del pacto firmado posteriormente entre nuestro país y el Reino Unido. Los grandes productores de carnes le solicitaban al gobierno que tratara con la máxima preferencia las importaciones británicas como único medio para garantizarse las enormes rentabilidades que habían conocido por décadas hasta la llegada de la crisis del ´30 y que deparó, en el terreno político, la caída de Yrigoyen, el primer paso para avanzar hacia un esquema de ruinosa dependencia para Argentina.

En enero de 1933 el gobierno envió a Inglaterra una misión para negociar nuevos términos de intercambio comercial. La delegación estaba encabezada por el vicepresidente de la Nación. Julio A. Roca (hijo), más conocido como "Julito", el propio Malbrán, Guillermo Leguizamón, Raúl Prebisch, Miguel A. Cárcano, Aníbal Fernández Beyró y Carlos Brebbia. Inglaterra, para tal efecto, designó un comité encabezado por Walter Runciman, Leslie Burgin, Frederick Leith Ross, Henry Fountain, H.F. Carlill, A.F. Overton, R. Fraser, R. Keith Jopson, J.R.C. Helmore, R. M. Nowell, R.L. Craigie, F.T.A. Ashton-Gwatkin, D.V. Kelly, H.L. Frechn y H. Brittain.


El senador Lisandro de la Torre denunció el tratado Roca-Runciman. Fue mandado a asesinar en el propio recinto de la cámara alta.

La prensa argentina anunció el viaje de la delegación argentina como una mera devolución de atenciones por la visita del príncipe de Gales a Buenos Aires, en marzo de 1931. Las razones, desde luego, eran otras.

La Cancillería argentina buscaba un acuerdo que mantuviera el statu quo de la carne enfriada que se le vendía a Inglaterra relegando a planos menores otros rubros de bienes exportables que conformaban el mercado de intercambio entre nuestro país y el Imperio Británico. La lógica de la misión estaba marcada por los intereses de los grandes ganaderos –en particular de los invernadores que se dedicaban al comercio de carne enfriada- que a costa del desangramiento de la economía argentina pretendían mantener la misma rentabilidad previa a la crisis del treinta.

Uno de los miembros de la delegación argentina, que luego del derrocamiento de Perón tomaría las riendas del ministerio de economía, Raíl Prebisch, y vincularía a nuestro país al Fondo Monetar

 

 

 Política exterior

En 1933 Justo dispuso la reincorporación de la Argentina a la Sociedad de Naciones.

Frente a la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, el gobierno de Justo a través de su canciller Carlos Saavedra Lamas, intentó movilizar a los gobiernos de la región en contra de la doctrina Monroe, promovida por el gobierno de los Estados Unidos. Sus iniciativas llevaron en 1933 a la firma del llamado Pacto antibélico Saavedra Lamas. Luego de arduas y complejas tratativas el 7 de junio Bolivia y Paraguay suscribieron finalmente dos protocolos dando fin a la guerra para terminar firmando en 1938 el Tratado de Paz, Amistad y Límites. Por sus gestiones en el conflicto Saavedra Lamas recibió el Premio Nobel de la Paz en 1936.

Política económica

El gobierno de Justo se caracterizó por iniciar en Argentina la construcción de un Estado intervencionista en la economía. En 1934 se legisló la recaudación centralizada de los impuestos. Se crearon la Junta Reguladora de Vinos, las de Granos y Carnes, y la Dirección Nacional de Parques Nacionales. El 6 de junio de 1935, con un diseño del británico Otto Niemeyer, se creó el Banco Central de la República Argentina dirigido por Raúl Prebisch. Se creó la Corporación de Transportes, destinada a proteger los servicios ferroviarios y tranviarios en manos británicas de la competencia plantada por los colectivos.

Ese mismo año se realizó el primer censo industrial, que fijó en 600.000 la cantidad de trabajadores ocupados en la actividad. Se sancionaron leyes regulando la actividad bancaria y las inversiones. Las condiciones ofrecidas para el asentamiento de capitales extranjeros fomentaron la industrialización, sobre todo en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, donde se radicaron alimentarias (Adams, Royal, Suchard, Quaker), de caucho (Firestone), eléctricas (Eveready, Osram, Philco) y textiles (Ducilo, Sudamtex). Las primeras grandes empresas argentinas comienzan a cobrar importancia, como Di Tella, que fabricará electrodomésticos y automóviles.

 Situación política

En 1935 Marcelo T. de Alvear volvió de su exilio llevando al fin de la abstención electoral. La decisión causó el retiro de FORJA de la UCR, y obligaría a la Concordancia a apelar nuevamente al fraude y la represión para evitar la derrota en las urnas.

El 1 de mayo de 1936 la UCR convocó a un acto multitudinario, en el que por primera vez se reunieron todos los partidos de la oposición y el movimiento obrero. Ese mismo año la presión sindical obtuvo la sanción de la Ley 11.729 de contrato de trabajo para el sector servicios.


Uno de los hechos de corrupción más sonados del período fue el escándalo de la CHADE (Compañía Hispano-Americana de Electricidad).

Ese mismo año, las divisiones en el seno del radicalismo se acentuaron por influjo del escándalo por la concesión de la Compañía Hispano-Americana de Electricidad (CHADE), que había sobornado a políticos conservadores y radicales para obtener la concesión, incluyendo al entones Ministro de Hacienda y futuro presidente Roberto Ortiz.[5]

Alvear representaba el principal obstáculo a la continuación de la Concordancia. La Concordancia les opuso la candidatura del radical antipersonalista Roberto M. Ortiz y el conservador Ramón Castillo. En septiembre se realizaron las elecciones, en las que los incidentes con muertos y heridos, así como la intervención policial contra los fiscales de la oposición, fueron frecuentes; varias provincias estaban intervenidas, entre ellas Catamarca, al frente de la cual Justo había colocado al ultranacionalista y filonazi Gustavo Martínez Zuviría. Las cruciales provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza quedaron en manos de la Concordancia, que finalmente consagró a Ortiz como presidente.

Alvear hablaba al respecto de los conservadores:

Yo conozco a ese radicalismo y a los conservadores de Buenos Aires, desde hace cincuenta años, y convengamos que en esos conservadores no han mejorado en nada, no han hecho nada en bien de la provincia. Hace cincuenta años que los conozco, porque he actuado allí. Tenían a su servicio matones y urnas de doble fondo. Yo rompí una en Morón. Hoy se preparan para usar las mismas armas.

Marcelo T. de Alvear.[6]

 Gobierno de Roberto M. Ortiz (1938-1942)


El presidente Roberto M. Ortiz, de la Unión Cívica Radical Antipersonalista, se vio impedido de ejercer la presidencia desde 1940 , debido a la diabetes que sufría, muriendo en 1942, antes de finalizar su mandato.

Roberto M. Ortiz fuel el primer civil en 8 años en revestir la banda presidencial. Intentó impulsar sin resultado reformas que permitieran establecer un régimen democrático, quiso desmantelar el aparato montado por Agustín P. Justo y trató por todos los medios de obtener elecciones limpias para el que lo sucediera. Una de las medidas más controvertidas de su mandato fue la circular secreta antisemita firmada en 1938 por el canciller también radical antipersonalista José María Cantilo, que ordenó "a cónsules argentinos en Europa negar visados a 'indeseables o expulsados', en alusión a ciudadanos judíos de ese continente".[7]

Poco después de que asumiera como presidente, Ortiz enfermó seriamente de diabetes, enfermedad que luego lo dejaría completamente ciego. En 1940, la incapacidad física de Ortiz le impediría ejercer la presidencia, por lo que fue reemplazado en la función por el vicepresidente Ramón Castillo, quien finalmente asumiría como presidente en 1942, ante la muerte de Ortiz.

Gobierno de Ramón Castillo (1942-1943)


Ramón Castillo, último gobernante de la Década Infame. Fue derrocado por un golpe militar el 4 de junio de 1943.

Ramón Castillo había sido Gobernador interventor de la provincia de Tucumán durante la dictadura de José Félix Uriburu. Debido a la enfermedad de Ortiz, desde 1940 estaba efectivamente a cargo del Poder Ejecutivo.

Continuó la política exterior de su predecesor, manteniendo la neutralidad argentina en la Segunda Guerra Mundial. Creó la Flota Mercante del Estado. Tomó otras medidas de similar corte nacionalista, como la revocación de la concesión del puerto de Rosario, en manos de un operador francés, la nacionalización de la británica Compañía Primitiva de Gas, la creación de la Dirección de Fabricaciones Militares y la apertura de los Altos Hornos Zapla.

Llevó a cabo una política abiertamente autoritaria, disponiendo de las carteras ministeriales con soltura y disolviendo el Consejo Deliberante de Buenos Aires ante las denuncias de corrupción en el mismo.

 Golpe militar del 4 de junio de 1943

Revolución de 1943

A partir de que Estados Unidos fuera atacado por Japón en 1941 y obligado a salir de su neutralismo frente a la Segunda Guerra Mundial, la potencia del norte comenzó a presionar duramente a los países latinoamericanos para hacer lo mismo. La oposición entre los partidarios de combatir en la Segunda Guerra Mundial o mantener la neutralidad, se acentuó. Por su arte, el control del Ejército y su apoyo al gobierno se volvió cada vez más precario desde la muerte del general Agustín P. Justo el 11 de enero de 1943.

Como venía sucediendo desde la dictadura del general Uriburu, frente a las elecciones venideras (1943) el presidente Castillo había comenzado a organizar un fraude en gran escala para imponer la fórmula conservadora integrada por Robustiano Patrón Costas y Manuel de Iriondo. Las conocidas inclinaciones aristocráticas y autoritarias de Patrón Costas, así como su posición pública favorable a hacer ingresar a la Argentina a la Segunda Guerra Mundial, movilizaron a sectores de los más diversos orígenes.

El presidente Ramón Castillo había enfrentado varias conspiraciones militares e intentos fallidos de golpe de Estado y en ese momento se estaban produciendo varias conspiraciones cívico-militares (como la del GOU, la que llevaban adelante el radical Ernesto Sanmartino y el general Arturo Rawson,[8] las operaciones que llevaba adelante el radical unionista Emilio Ravignani,[8] etc.). Sin embargo el golpe del 4 de junio de 1943 no fue previsto por nadie y se realizó con una gran dósis de improvisación y, a diferencia de todos los golpes que se produjeron en el país, casi sin participación civil.

El hecho concreto que desencadenó el golpe militar fue la renuncia que el presidente Castillo le exigió el 3 de junio a su Ministro de Guerra, el general Pedro Pablo Ramírez, por haberse entrevistado el 26 de mayo con un grupo de dirigentes de la Unión Cívica Radical que le ofrecieron la candidatura a presidente en las elecciones que se avecinaban, encabezando la Unión Democrática, una alianza que el ala moderada del radicalismo (los unionistas) estaba tratando por entonces de concretar junto al Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista con apoyo del comunismo.[9]

El golpe se decidió el día anterior en una reunión en Campo de Mayo dirigida por los generales Arturo Rawson y Pedro Ramírez. Tiene interés histórico mencionar que no participaron de esa reunión ni el general Edelmiro Farrell ni el coronel Juan Perón, quienes serían más adelante los conductores máximos de la Revolución del 43; Farrell porque se excusó de participar del grupo golpista por razones personales cuando fue invitado por el general Rawson, y Perón porque no pudo ser hallado.[10]

En la madrugada del 4 de junio salió de Campo de Mayo, al noroeste de la Ciudad de Buenos Aires, una fuerza militar de 8.000 soldados encabezada por los líderes del levantamiento: los generales Arturo Rawson y Elbio Anaya, los coroneles Emilio Ramírez y Fortunato Giovannoni y el teniente coronel Tomás A. Ducó (famoso presidente del Club Huracán). Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada, en el barrio de Núñez, la columna fue atacada por fuerzas leales atrincheradas allí, resultando del combate 30 muertos y 100 heridos.[11] Rendida la ESMA el presidente Castillo se embarcó en el rastreador Drummond[12] con orden de alejarse en dirección a Uruguay, dejando sola la Casa Rosada donde ingresaron los generales Juan Pistarini, Armando Verdagauer, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, y los almirantes Sabá H. Sueyro y Guisasola, quienes recibieron a la columna rebelde poco después del mediodía, asumiendo el general Arturo Rawson como presidente.

El triunfo de los insurrectos resultó innegable, y Castillo desembarcó al día siguiente en La Plata, donde firmó su renuncia.

En un primer momento todas las fuerzas políticas y sociales apoyaron el golpe, con mayor o menor entusiasmo, con la única excepción del Partido Comunista. Lo mismo sucedió con Gran Bretaña y Estados Unidos que recibieron el golpe «con gritos de satisfacción», según refiere Sir David Kelly, embajador británico en Argentina en ese momento.[13] La embajada alemana, por el contrario, quemó sus archivos el día anterior.[14]

 

Revolución del 43

 

Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, los tres generales presidentes de la Revolución del 43 (Golpe de Estado de 1943).

En la Argentina se conoce como Revolución del 43 al golpe de Estado militar producido el 4 de junio de 1943, que derrocó al gobierno de Ramón Castillo (acusado frecuentemente de ser un gobierno fraudulento) y la dictadura militar que resultó del mismo hasta la asunción del gobierno electo de Juan Domingo Perón el 4 de junio de 1946. En su transcurso emergió la figura del entonces coronel Perón originándose el peronismo. Tres presidentes se sucedieron en el mando durante la Revolución del 43: los generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell.

 

 Antecedentes

El golpe de Estado del 4 de junio de 1943 estuvo influido por dos grandes causas: la Década Infame que lo precedió y la Segunda Guerra Mundial.

 La década infame (1932-1943)


El general José Félix Uriburu encabezó en 1930 el golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Hipólito Irigoyen (UCR). Posteriormente se estableció un régimen apoyado en el fraude y la represión, que se destacó por un nivel escandaloso de corrupción. El período (1932-1943) es conocido como la Década Infame.

Artículo principal: Década infame

La llamada Década Infame fue un período de gobiernos autoritarios, fraudulentos y corruptos que se iniciaron con el primer golpe de Estado realizado en la Argentina el 6 de septiembre de 1930 para derrocar al gobierno democrático de Hipólito Yrigoyen. Durante este período fueron presidentes sucesivamente, el general José Félix Uriburu (1930-1932), el general Agustín P. Justo (1932-1938), Roberto Ortiz (1938-1942) y Ramón Castillo (1942-1943). La base política del régimen fue la Concordancia, una alianza conservadora integrada por la Unión Cívica Radical Antipersonalista, el Partido Demócrata Nacional y el Partido Socialista Independiente.

En 1943 debían realizarse elecciones para elegir a un nuevo presidente y se descontaba un nuevo fraude electoral que daría la presidencia al cuestionado empresario azucarero conservador Robustiano Patrón Costas, hombre fuerte de Salta en las anteriores cuatro décadas. La asunción de Patrón Costas como presidente aseguraba la continuidad y profundización del régimen conservador fraudulento.

La Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) tuvo una decisiva y compleja influencia en los acontecimientos políticos argentinos y en particular en el golpe de Estado del 4 de junio de 1943.

En el momento en que la Segunda Guerra Mundial se inició, Gran Bretaña tenía una influencia económica determinante en la Argentina. Pocos años atrás, el vicepresidente Julio A. Roca (hijo) había declarado públicamente que la Argentina era «desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico».[1] Por otra parte Estados Unidos había adquirido una presencia hegemónica en todo el continente y se preparaba a desplazar definitivamente a Gran Bretaña como poder hegemónico en la Argentina. La guerra resultó un momento óptimo para ello, sobre todo a partir del momento que Estados Unidos abandonó la neutralidad debido al ataque sufrido en 1941 en Pearl Harbor, por parte de Japón.

La Argentina tenía una larga tradición «neutralista» frente a las guerras europeas, que había sido sostenida y defendida por todos los partidos políticos desde el siglo XIX. Las causas del «neutralismo» argentino son complejas, pero una de las más importantes está relacionada con la condición de proveedor de alimentos para los británicos y Europa en general. Tanto en la primera como en la segunda guerra, Gran Bretaña necesitaba garantizar el abastecimiento de alimentos (granos y carnes) a su población y a sus tropas, y ello hubiera sido imposible si la Argentina no mantenía la neutralidad, ya que los barcos de carga hubieran sido los primeros en ser atacados, interrumpiendo el suministro.[2] [3] Simultáneamente, la Argentina había mantenido una posición tradicionalmente reticente a la visión hegemónica del panamericanismo que había impulsado Estados Unidos desde fines del siglo XIX.

En diciembre de 1939 el gobierno argentino consultó con Gran Bretaña la posibilidad de abandonar la neutralidad y unirse a los Aliados. El gobierno británico rechazó de plano la proposición reiterando el principio: la principal contribución argentina eran los suministros y para garantizarlos era necesario mantener la neutralidad. Por entonces también Estados Unidos sostenía una posición «neutralista» consolidada por las leyes de Neutralidad de 1935-1939 y su tradicional «aislacionismo», aunque esa posición variaría radicalmente cuando sus bases militares en el Pacifico fueron atacadas por Japón el 7 de diciembre de 1941.[3]

Luego de Pearl Harbor, en la III Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores (Conferencia de Río de Janeiro) realizada en enero de 1942, Estados Unidos intentó que todos los países americanos lo siguieran en bloque ingresando a la guerra. Para Estados Unidos, que no resultaba afectado de ningún modo por la interrupción del comercio entre la Argentina y Europa, la Segunda Guerra Mundial se le presentaba como una excelente oportunidad para terminar de imponer su hegemonía continental, tanto política (expresada en el panamericanismo) como económica y desplazar definitivamente a Gran Bretaña de su punto fuerte en América. Pero la Argentina, a través de su canciller, el Premio Nobel de la Paz Carlos Saavedra Lamas, se opuso a la entrada en la guerra de los países americanos en bloque, frenando la propuesta estadounidense. A partir de entonces la presión norteamericana no dejaría de crecer hasta hacerse irresistible.

Frente a la guerra, la población argentina se dividía en dos grandes grupos: «aliadófilos» y «neutralistas». El primer grupo era favorable al ingreso de la Argentina en la guerra en el bando aliado, mientras que el segundo sostenía que el país debía mantenerse neutral. Un tercer grupo, los «germanófilos», era francamente minoritario y ante la imposibilidad de que la Argentina entrara a la guerra apoyando al Eje, solía apoyar la neutralidad confundiéndose con los neutralistas.

Tanto el presidente radical antipersonalista Roberto Ortiz (1938-1942) como el conservador Ramón Castillo (1942-1943) habían mantenido la neutralidad, pero era seguro que el candidato oficial Robustiano Patrón Costas le declararía la guerra al Eje. Esta circunstancia tuvo un enorme peso en las Fuerzas Armadas, sobre todo en el Ejército, donde la posición favorable a mantener la neutralidad era mayoritaria.

 Situación económica y social


1943 fue un año de gran crecimiento de la industria y de la clase obrera. Las transformaciones socioeconómicas anticipaban grandes cambios sociopolíticos.

Una de las consecuencias directas de la Segunda Guerra Mundial sobre la realidad argentina fue el salto que dio el proceso de industrialización. En 1943 por primera vez el índice de producción industrial superó al agropecuario.[4] Las exportaciones industriales aumentaron del 2,9% del total en 1939, al 19,4% en 1943, encabezadas por la industria textil.[5]

Entre 1941 y 1946, la clase obrera industrial había crecido un 38%, pasando de 677.517 a 938.387 trabajadores.[6] Las fábricas se concentraron principalmente en el área urbana de Buenos Aires que en 1946 reunía el 56% de los establecimientos industriales y 61% del total de obreros del país.[7]

Por otra parte la Gran Depresión de 1929 había limitado la corriente migratoria europea, de modo tal que una nueva corriente de migraciones internas estaba transformando por completo, cuantitativa y culturalmente, a la clase obrera. En 1936 el 36% de la población de la Ciudad de Buenos Aires era extranjera y sólo un 12% provenía el interior del país (zonas rurales y pequeñas ciudades); para 1947 los extranjeros se habían reducido al 26% y los migrantes internos se habían duplicado alcanzando el 29%.[8] Entre 1896-1936 el promedio anual de provincianos que llegaban a Buenos Aires era de 8.000; ese promedio ascendió a 72.000 entre 1936-1943 y a 117.000 entre 1943-1947.[9]

Las nuevas condiciones socioeconómicas y la concentración geográfica anticipaban grandes cambios sociopolíticos con epicentro en Buenos Aires.

 El golpe del 4 de junio


Los generales Arturo Rawson y Pedro Pablo Ramírez saludan a la multitud en Plaza de Mayo el día del golpe de estado, 4 de junio de 1943.

Si bien las Fuerzas Armadas habían sido uno de los pilares que sostuvieron a los sucesivos gobiernos de la década infame, su relación con el poder se había ido deteriorando en los últimos años, de la mano del cambio generacional en su composición y sobre todo, de la mano del proceso de industrialización que comenzó sostenidamente en el país en esa década. El desarrollo de la industria en la Argentina (y en muchas partes del mundo) se realizó de un modo íntimamente relacionado con las Fuerzas Armadas y las necesidades de la defensa nacional.

El presidente Ramón Castillo había enfrentado varias conspiraciones militares e intentos fallidos de golpe de Estado y en ese momento se estaban produciendo varias conspiraciones cívico-militares (como la del GOU, la que llevaban adelante el radical Ernesto Sanmartino y el general Arturo Rawson,[10] las operaciones que llevaba adelante el radical unionista Emilio Ravignani, etc.)[10] Sin embargo el golpe del 4 de junio de 1943 no fue previsto por nadie y se realizó con una gran dosis de improvisación y, a diferencia de todos los golpes que se produjeron en el país, casi sin participación civil.

El hecho concreto que desencadenó el golpe militar fue la renuncia que el presidente Castillo le exigió el 3 de junio a su Ministro de Guerra, el general Pedro Pablo Ramírez, por haberse entrevistado el 26 de mayo con un grupo de dirigentes de la Unión Cívica Radical que le ofrecieron la candidatura a presidente en las elecciones que se avecinaban, encabezando la Unión Democrática,[11] una alianza que el ala moderada del radicalismo (los unionistas) estaba tratando por entonces de concretar junto al Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista con apoyo del comunismo.[12]

El golpe se decidió el día anterior en una reunión en Campo de Mayo dirigida por los generales Arturo Rawson y Pedro Ramírez. Tiene interés histórico mencionar que no participaron de esa reunión ni el general Edelmiro Farrell ni el coronel Juan Perón, quienes serían más adelante los conductores máximos de la Revolución del 43; Farrell porque se excusó de participar del grupo golpista por razones personales cuando fue invitado por el general Rawson, y Perón porque no pudo ser hallado.[13]

En la madrugada del 4 de junio salió de Campo de Mayo, al noroeste de la Ciudad de Buenos Aires, una fuerza militar de 8.000 soldados encabezada por los líderes del levantamiento: los generales Arturo Rawson y Elbio Anaya, los coroneles Emilio Ramírez y Fortunato Giovannoni y el teniente coronel Tomás A. Ducó (famoso presidente del Club Huracán). Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada, en el barrio de Núñez, la columna fue atacada por fuerzas leales atrincheradas allí, resultando del combate 30 muertos y 100 heridos.[14] Rendida la ESMA el presidente Castillo se embarcó en el rastreador Drummond[15] con orden de alejarse en dirección a Uruguay, dejando sola la Casa Rosada donde ingresaron los generales Juan Pistarini, Armando Verdagauer, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, y los almirantes Sabá H. Sueyro y Guisasola, quienes recibieron a la columna rebelde poco después del mediodía, asumiendo el general Arturo Rawson como presidente.

En un primer momento todas las fuerzas políticas y sociales apoyaron el golpe, con mayor o menor entusiasmo, con la única excepción del Partido Comunista. Lo mismo sucedió con Gran Bretaña y Estados Unidos, que recibieron el golpe «con gritos de satisfacción», según refiere sir David Kelly, embajador británico en Argentina en ese momento.[16] La embajada alemana, por el contrario, quemó sus archivos el día anterior.[17]

 Los organizadores del golpe. El papel del GOU

Artículo principal: GOU

Por aquel entonces las Fuerzas Armadas de Argentina estaban integradas sólo por dos fuerzas: el Ejército y la Armada (Marina). La Marina estaba integrada por oficiales provenientes en general de sectores aristocráticos y de clase alta. El Ejército, por el contrario, venía sufriendo importantes cambios en su integración, apareciendo nuevos grupos de oficiales provenientes de sectores medios y medios bajos, con nuevas ideas sobre la defensa vinculadas a la exigencia de la industrialización y las empresas militares y a la necesidad de un rol activo del Estado para promover estas actividades.

El Ejército estaba dividido en dos grandes sectores: nacionalistas y liberales. Sin ser grupos homogéneos, los primeros tenían en común una preocupación especial por el desarrollo de la industria nacional, las relaciones con la Iglesia Católica y una posición internacional autónoma; muchos de ellos mantenían relaciones estrechas con el radicalismo y en general provenían de sectores de clase media. Los segundos, los liberales, compartían una posición de acercamiento a los grandes grupos de poder económico, mayoritariamente británicos o estadounidenses, sostenían la premisa de que el país debía tener una estructura productiva básicamente agrícola-ganadera y solían provenir o pertenecían a la clase alta.

Los grandes cambios políticos, económicos y sociales que se habían producido durante la década del 30 impulsaron la aparición de una multiplicidad de grupos con nuevos enfoques, no solo en las Fuerzas Armadas, sino en todos los sectores políticos y sociales. Esta heterogeneidad era mantenida bajo control por el liderazgo indiscutido que el general Agustín P. Justo tenía en el ámbito militar. Pero Justo murió precisamente el 11 de enero de 1943, dejando al Ejército sin la contención de su liderazgo y desatando un proceso de realineamientos y luchas internas entre los diversos grupos militares.

La mayoría de los historiadores de todas las tendencias consideran que en la organización del golpe de Estado y en el gobierno militar surgido del mismo, jugó un rol decisivo el GOU, Grupo de Oficiales Unidos, una agrupación militar creada el 10 de marzo de 1943 y disuelta el 23 de febrero de 1944.[18] Sin embargo, más recientemente, algunos historiadores han puesto en duda la verdadera influencia del GOU, calificándola de «mito».[19]

El historiador estadounidense Robert Potash, que ha estudiado en detalle la actuación del ejército en la historia argentina moderna, ha relativizado mucho la participación del GOU en el golpe de Estado del 4 de junio:

La dirección del GOU no controlaba directamente los recursos militares necesarios para realizar una revolución... El movimiento militar del 4 de junio no fue resultado de un plan elaborado cuidadosamente por el GOU, o siquiera por cualquier otro grupo de oficiales... Más bien fue una rápida improvisación cuyos participantes apenas concertaron acuerdos en relación con objetivos específicos, fuera del derrocamiento del presidente Castillo.[20]

Los historiadores no concuerdan sobre muchas de las circunstancias del GOU pero hay consenso en que se trató de un grupo reducido de oficiales, con un peso importante de los de menor graduación, sobre todo coroneles y tenientes coroneles. El GOU carecía de una ideología precisa, pero todos sus integrantes compartían una visión nacionalista, anticomunista, «neutralista» frente a la guerra y sumamente preocupada por terminar con los actos abiertos de corrupción de los gobiernos conservadores.

Los miembros fundadores del GOU en mayo de 1943 fueron:[21]

Potash y Félix Luna consideran que los iniciadores del grupo fueron Juan Carlos Montes y Urbano de la Vega. Se sabe también que los hermanos Montes eran activos radicales yrigoyenistas, con estrechas relaciones con Amadeo Sabattini (UCR), quien a su vez era íntimo amigo de Eduardo Ávalos con quien también mantenía una relación estrecha.[25] Por su parte el historiador Roberto Ferrero sostiene que los dos "cerebros" del GOU eran Enrique P. González y Emilio Ramírez.[26] Finalmente, los generales Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, mantenían estrechos contactos con el GOU; el primero y futuro presidente, era padre del coronel Ramírez y suegro del capitán Filippi.

Los historiadores tampoco se ponen de acuerdo sobre el papel desempeñado por Perón en el GOU. Algunos, como Hugo Gambini y Fermín Chávez, desde posiciones políticas divergentes, consideran que Perón, aún con un grado militar relativamente bajo, fue el cerebro y el verdadero líder del GOU. Otros, como Félix Luna y Ferrero, le asignan a Perón un papel relativamente relegado al comienzo. Potash considera que jugó un papel importante en su organización pero compartido con otros líderes como Ramírez, González y Montes. Por su parte Rogelio García Lupo sostiene que el GOU era en gran medida un mito, una operación de inteligencia militar.[27] Lo cierto es que Perón no ocupó cargos importantes de poder en el gobierno hasta fines de 1943, cuando asumió la Secretaría de Trabajo.

La presencia del GOU expresaba el avance de los oficiales jóvenes del Ejército, muchos de ellos provenientes de sectores medios y bajos sin influencia, que encontraron un momento histórico oportuno para dar un paso al frente en 1943, al morir el general Agustín P. Justo, quien había controlado el Ejército por casi dos décadas. Precisamente, la Revolución del 43 se caracterizó por la ausencia de un liderazgo definido.

Más allá del debate sobre la verdadera influencia del GOU en la Revolución del 43, las Fuerzas Armadas, sobre todo a partir de la muerte del general Justo, era un conjunto inestable de grupos de ideologías imprecisas y relativamente autónomos, que estaban desarrollando relaciones con los viejos y nuevos factores de poder y que irían asumiendo posiciones definidas a medida que el proceso fuera desenvolviéndose.

La fugaz presidencia de Rawson


Hotel Jousten, en la Avenida Corrientes y 25 de Mayo, en Buenos Aires.[28] Allí se reunía el grupo de conspiradores conocido como Los Generales del Jousten, dirigido por el general Arturo Rawson.

El general Arturo Rawson era un ferviente católico, miembro del conservador Partido Demócrata Nacional y de una tradicional familia de la aristocracia argentina. Rawson dirigía un grupo de conspiradores que ha sido llamado «los generales del Jousten» debido al restaurant-hotel ubicado en Corrientes y 25 de Mayo donde se reunían. El grupo estaba integrado por militares que ocuparían altos cargos en el gobierno surgido del golpe: el General Diego I. Mason (agricultura) y los contraalmirantes Benito Sueyro (marina) y Sabá Sueyro (vicepresidente), hermanos entre sí. También formaba parte del grupo, como operador civil, el dirigente Ernesto Sammartino (UCR), quién fue convocado por Rawson luego del golpe para organizar el gabinete pero cuando llegó a la Casa Rosada, en el desorden de la revolución, nadie le avisó a Rawson de su presencia en la sala de espera, por lo que luego de esperar un tiempo prudencial se retiró a su casa.[29]

El problema se le presentó al día siguiente cuando Rawson le comunicó a los líderes militares los nombres de las personas que integrarían su gabinete. Entre ellos figuraban tres amigos personales ligados al régimen depuesto y reconocida pertenencia derechista, el general Domingo Martínez, José María Rosa (hijo) y Horacio Calderón. Los mandos militares, que funcionarían permanentemente en estado deliberativo a lo largo de la revolución, rechazaron terminantemente esos nombres y la insistencia de Rawson en mantener a los cuestionados desencadenó su renuncia el día 6 de junio. Asumió entonces el general Pedro Pablo Ramírez, precisamente quien había desencadenado el golpe al ser removido por Castillo luego de su reunión con los radicales para ofrecerle la candidatura por la Unión Democrática.

Dos años después, en 1945, el general Rawson intentaría organizar desde Córdoba un golpe de Estado contra Farrell y Perón, que resultaría fallido pero que abrió camino al planteo del general Ávalos y los oficiales de Campo de Mayo que llevaron a la renuncia y detención de Perón, en la semana previa a las movilizaciones populares del 17 de octubre.

Presidencia del general Pedro Pablo Ramírez


El general Pedro Pablo Ramírez al tomar juramento a su primer gabinete, 7 de junio de 1943. Fue presidente durante los primeros ocho meses de la Revolución del 43.

El 7 de junio el general Pedro Pablo Ramírez juró como Presidente y Sabá Sueyro como Vicepresidente. Ramírez sería presidente durante los primeros ocho meses de la Revolución del 43. Había sido Ministro de Guerra de Castillo y, pocos días antes del golpe, había sido propuesto por un sector del radicalismo para encabezar la formula presidencial de una alianza opositora en formación, con el nombre de Unión Democrática.[30] Su primer gabinete estuvo formado íntegramente por militares con la única excepción del Ministro de Hacienda:

En el gabinete no había ningún miembro del GOU pero dos de ellos fueron designados en puestos estratégicos: los coroneles Enrique P. González en la secretaría privada de la presidencia y Emilio Ramírez, hijo del presidente, como Jefe de Policía de la Ciudad de Buenos Aires. Estos dos, el coronel Gilbert y el contralmirante Sueyro, se constituirían en el grupo íntimo del Presidente Ramírez. El coronel Juan Perón quedó a cargo de la secretaría del Ministerio de Ejército bajo el mando del Ministro, el general Farrell, un cargo importante pero de menor relevancia.

 Primeras medidas

Las primeras medidas adoptadas por Ramírez tuvieron contenidos contradictorios pero en general estuvieron dirigidas a reprimir a los sectores sociales y políticos: disolución del Congreso Nacional, clausura de la CGT Nº2 donde se habían organizado los sindicatos comunistas, sanción de un régimen limitativo de la acción sindical, intervención de la Universidad Nacional del Litoral, disolución de Acción Argentina donde se organizaban los sectores «aliadófilos», partidarios de entrar a la Segunda Guerra. Estas medidas abrirían la confrontación con amplios sectores políticos y sociales, en especial con el movimiento estudiantil.

Simultáneamente con estas medidas el gobierno de Rawson dispuso el congelamiento de alquileres y arrendamientos rurales, que tuvo un efecto positivo entre los trabajadores y los chacareros (pequeños y medianos productores rurales), y la creación de una Comisión Investigadora (Matías Rodríguez Conde, Juan Sabato y Juan P. Oliver) del escándalo de la CHADE, que tenía como misión profundizar la lucha contra la corrupción y que produciría el conocido Informe Rodríguez Conde.

 La renuncia del Almirante Storni


El Secretario de Estado de Estados Unidos, Cordell Hull, causó la renuncia del «aliadófilo» canciller argentino, el almirante Segundo Storni, y su reemplazo por el «neutralista» coronel Alberto Gilbert.

En esos primeros meses también se produjo el incidente que llevaría a la renuncia del Ministro de Relaciones Exteriores, el Almirante Segundo Storni. Storni era uno de los pocos militares argentinos por entonces que tenía simpatías por los Estados Unidos donde había vivido varios años. Si bien era un nacionalista, también era «aliadófilo» y partidario de que la Argentina ingresara a la guerra. En ese camino, el 5 de agosto de 1943 le envió una carta personal al Secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull, anticipándole que era intención de Argentina romper relaciones con las potencias del Eje, pero también le solicitaba paciencia para ir creando un clima de ruptura en el país, a la vez que algún gesto de los Estados Unidos en materia de suministro de armamentos, que fuera aislando a los «neutralistas».

Cordell Hull con el fin de presionar al gobierno argentino hizo pública la carta de Storni, cuestionando además en duros términos el tradicional «neutralismo» argentino. El hecho produjo un recrudecimiento del ya fuerte sentimiento antinorteamericano, sobre todo en las Fuerzas Armadas, llevando a la renuncia de Storni y a su reemplazo por un «neutralista», el coronel Alberto Gilbert, que hasta entonces se desempeñaba como Ministro del Interior. Para ocupar este último cargo, a su vez, Ramírez designó un miembro del GOU, el coronel Luís César Perlinger, un nacionalista católico-hispanista que al año siguiente encabezaría la reacción de derecha contra el dúo Farrell-Perón.

La renuncia de Storni arrastró las de Santamarina (Hacienda), Galíndez (Obras Públicas) y Anaya (Justicia) y abrió las puertas del gobierno al sector ultraderechista del nacionalismo católico-hispanista, que ocupó también el nuevo Ministerio de Educación a través del conocido escritor Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast).

 La política educativa y la oposición estudiantil

La Revolución del 43 le entregó la educación al nacionalismo católico-hispanista de derecha. El proceso comenzó el 28 de julio de 1943 cuando el gobierno intervino la Universidad Nacional del Litoral nombrando interventor a Giordano Bruno Genta.

La Universidad argentina se regía por los principios de la Reforma Universitaria de 1918 que estableció la autonomía universitaria, la participación de los estudiantes en el gobierno universitario y la libertad de cátedra. Genta, conocido por sus ideas ultraderechistas y antireformistas, a poco de asumir sostuvo que el país necesitaba crear «una aristocracia de la inteligencia, nutrida de la estirpe romana e hispánica».[31] Estas declaraciones produjeron el primer enfrentamiento entre las fuerzas que adherían a la Revolución del 43, cuando el grupo nacionalista radical FORJA, que apoyaba a la Revolución del 43, criticó duramente el discurso de Genta considerando que era «la alabanza máxima al bandidaje universitario que ha traficado con todos los bienes de la Nación».[32] Debido a estas declaraciones el gobierno militar encarceló a Arturo Jauretche.[33]

La Federación Universitaria del Litoral (FUL) protestó enérgicamente por la designación de Genta y el gobierno militar respondió deteniendo a su secretario general y expulsando a los estudiantes y profesores que manifestaron su oposición.

Si bien Genta fue obligado a renunciar, la confrontación del gobierno con el movimiento estudiantil se generalizó y polarizó al extremo, en tanto que el sector nacionalista católico-hispanista siguió avanzando y ocupando posiciones de importancia en el gobierno militar. Para octubre Ramírez había intervenido todas las universidades y profundizado la participación del nacionalismo católico de derecha con la incorporación ya mencionada de los ministros Perlinger y Martínez Zuviría, a la vez que declaraba fuera de la ley a la Federación Universitaria Argentina (FUA).

La ideología de este grupo (ultracatólica, hispanista, elitista, antidemocrática y antifeminista) fue definida en aquel momento a través de varias frases provocadoras:

Sarmiento[34] trajo tres plagas al país: los italianos, los gorriones y las maestras normales.[35]

La escuela laica es una invención diabólica.[36]

Debemos cultivar y mantener nuestra personalidad diferenciada, dentro del tronco institutor, que es criollo, por lo tanto hispánico, católico, apostólico y romano.[37]

La dignificación de la mujer consiste en no sustraerla de su menester específico.[37]

Es de este período que datan la mayor parte de los incidentes entre el gobierno militar y los estudiantes universitarios que suelen citarse, atribuyéndolos a la época pero sin precisión.

Entre los funcionarios del nacionalismo católico-hispanista de derecha que ocuparon funciones de gobierno durante la Revolución del 43 se encuentran: Gustavo Martínez Zuviría (Ministro de Educación), Alberto Baldrich (Ministro de Educación), José Ignacio Olmedo (Consejo Nacional de Educación), Giordano Bruno Genta y luego Salvador Dana Montaño (interventor de la UNL), Tomás D. Casares (interventor de la UBA), Santiago de Estrada (interventor de la UNT), Lisardo Novillo Saravia (interventor de la UNC), Alfredo L. Labougle (rector de la UNLP), Padre Juan R. Sepich (director del Colegio Nacional Buenos Aires rebautizado con su nombre colonial, Colegio Universitario San Carlos).

El 14 de octubre de 1943 un grupo de 150 personalidades políticas y culturales encabezadas por el científico Bernardo Houssay firmaron una Declaración sobre democracia efectiva y solidaridad Latinoamericana, pidiendo la convocatoria a elecciones y el ingreso del país a la guerra contra el Eje.[38] Ramírez respondió cesanteando a aquellos firmantes que eran empleados del Estado.

 Noviembre de 1943: surgimiento de Perón y protagonismo sindical


Periódico del sindicato ferroviario apoyando a Perón. El coronel Perón estableció una alianza con un amplio grupo de sindicatos de diversas tendencias que se organizó como corriente laborista-nacionalista influyendo notablemente en el curso de la Revolución del 43.

Los historiadores tienen diversas opiniones sobre el grado de influencia que Juan Perón tenía en la política argentina antes del 27 de octubre de 1943, al asumir la dirección de una repartición insignificante: el Departamento de Trabajo.[39] Lo cierto es que esta fue la primera repartición estatal dirigida por Perón y que es recién a partir de entonces que su figura comienza a tomar relevancia pública, de la mano del ingreso de los sindicatos al primer plano de la vida política nacional.

El gobierno de Ramírez había asumido frente a los sindicatos una actitud similar a los gobiernos antecesores: escasa importancia política e institucional, incumplimiento generalizado de las leyes laborales, simpatía pro-patronal y represiones puntuales.

En 1943 el movimiento obrero argentino, el más desarrollado de América Latina por entonces, estaba dividido en cuatro centrales: CGT Nº1 (mayoritariamente socialistas y sindicalistas revolucionarios) donde estaban los poderosos sindicatos ferroviarios, CGT Nº2 (socialistas y comunistas), la pequeña USA (sindicalistas revolucionarios) y la ya casi inexistente FORA (anarquistas). Una de las primeras medidas de Ramírez fue disolver la CGT Nº2, dirigida por el socialista Francisco Pérez Leirós, y que incluía importantes sindicatos como el de empleados de comercio encabezado por el socialista Ángel Borlenghi y los sindicatos comunistas (construcción, carne, etc.), acusándola de extremista. Paradójicamente la medida tuvo como efecto inmediato la afiliación de muchos de los sindicatos de la CGT Nº2, a la ahora única CGT, dirigida por el también socialista José Domenech, fortaleciéndola.

Poco después el gobierno sancionó una legislación sobre sindicatos, que si bien cumplía algunas expectativas sindicales, al mismo tiempo permitía la intervención de los mismos por parte del Estado. En seguida el gobierno de Ramírez hizo uso de esa ley para intervenir los poderosos sindicatos ferroviarios y corazón de la CGT, la Unión Ferroviaria y La Fraternidad. En octubre una serie de huelgas fueron respondidas con el arresto de decenas de dirigentes obreros. Pronto resultó evidente que el gobierno militar estaba integrado por influyentes sectores anti-sindicales.

Desde el momento mismo que se produjo el golpe de Estado, el movimiento sindical había comenzado a discutir una estrategia de relacionamiento con el gobierno militar. Diversos historiadores entre los que se destacan Samuel Baily,[40] Julio Godio e Hiroshi Matsushita,[41] han demostrado que el movimiento obrero argentino había venido evolucionando desde fines de la década del 20 hacia un nacionalismo laborista,[42] que implicaba un mayor compromiso de los sindicatos con el Estado.

El primer paso lo dieron los dirigentes de la CGT Nº2, encabezados por Francisco Pérez Leirós, quienes se entrevistaron con el Ministro del Interior, general Alberto Gilbert. Los sindicalistas le pidieron al gobierno convocar a eleccciones y le ofrecieron el apoyo de una marcha sindical a la Casa Rosada, pero el gobierno rechazó el ofrecimiento y disolvió la CGT Nº2.[43]


El dirigente sindical socialista Ángel Borlenghi, secretario general de la Confederación de Empleados de Comercio, encabezó el grupo sindical que tomó contacto con Perón y dio origen a la nueva corriente sindical laborista-nacionalista. Durante la presidencia de este último Borlenghi sería Ministro del Interior y el segundo hombre del gobierno. Fue el primer sindicalista en Argentina en ocupar un cargo en el gobierno.

Pocos después otro grupo sindical encabezado ahora por Ángel Borlenghi (socialista y secretario general de la poderosa Confederación General de Empleados de Comercio en la CGT Nº2), Francisco Pablo Capozzi (La Fraternidad) y Juan A. Bramuglia (Unión Ferroviaria), optó aunque con reservas y desconfianza, por establecer relaciones con un sector del gobierno militar más inclinado a aceptar los reclamos sindicales, para ir conformando una alianza capaz de influir sobre el curso de los acontecimientos. La persona elegida para el contacto inicial fue el coronel Domingo Mercante, hijo de un importante dirigente sindical ferroviario y miembro del GOU. Mercante, a su vez, convocó a su socio político e íntimo amigo el coronel Juan Perón.[44]

Los sindicalistas propusieron a los militares crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la CGT y sancionar una serie de leyes laborales que aceptaran los reclamos históricos del movimiento obrero argentino. En esa reunión Perón intentó sintetizar el reclamo sindical definiéndolo como una política para dignificar el trabajo.[45]

A partir de entonces los coroneles Perón y Mercante comenzaron a reunirse sistemáticamente con los sindicatos. El 30 de septiembre de 1943 mantuvieron una reunión pública con 70 dirigentes sindicales con motivo de una huelga general revolucionaria declarada por la CGT para octubre, apoyada por toda la oposición. En dicha reunión los sindicalistas comunistas exigieron como condición previa a cualquier diálogo con el gobierno, la libertad de José Peter, secretario general del Sindicato de la Carne, que había sido recientemente encarcelado con motivo de una huelga declarada en los frigoríficos. Perón intervino personalmente en el conflicto, presionó a las empresas para que realizaran un convenio colectivo con el sindicato (el primero en el sector) y obtuvo la liberación del dirigente comunista.[46]

El efecto sobre el movimiento obrero fue notable y el grupo de sindicalistas partidarios de una alianza con ese sector del gobierno militar creció, incorporando a otros socialistas como José Domenech (ferroviario), David Diskin (empleados de comercio), Alcides Montiel (cervecero) y Lucio Bonilla (textil); sindicalistas revolucionarios provenientes de la USA, como Luis Gay (telefónico) y Modesto Orozo (telefónico); e incluso a algunos comunistas como René Stordeur (gráficos) y Aurelio Hernández (sanidad)[47] y hasta trotskistas como Ángel Perelman (metalúrgico). Uno de los primeros efectos de la nueva relación establecida entre sindicalistas y militares, fue la no participación de la mayoría de los sindicatos en la huelga general revolucionaria convocada, que pasó inadvertida.

Poco después, el 27 de octubre[39] la precaria alianza entre sindicalistas y militares logró que Ramírez designara a Perón como Director del Departamento de Trabajo, un cargo aparentemente sin valor alguno. Una de sus primeras medidas fue remover a los interventores de los sindicatos ferroviarios y nombrar en su lugar al coronel Mercante. Simultáneamente el Comité Central Confederal de la CGT integrado por socialistas, decidió crear una Comisión pro Unidad Sindical con el fin de restablecer una central única, objetivo tradicional del movimiento obrero argentino.[48]

Un mes después, el 27 de noviembre de 1943, Perón con el apoyo del General Farrell, logró que el Presidente Ramírez aprobara la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, con un estatus similar a un ministerio y dependencia directa del Presidente de la Nación.[39]

Como Secretario de Trabajo Perón realizó una obra notable, haciendo aprobar las leyes laborales que habían sido reclamadas históricamente por el movimiento obrero argentino (generalización de la indemnización por despido que existía desde 1934 para empleados de comercio, jubilaciones para empleados de comercio, Estatuto del Peón de Campo, hospital policlínico para los trabajadores ferroviarios, escuelas técnicas para obreros, prohibición de las agencias de colocaciones, creación de la justicia laboral, aguinaldo), dando más eficacia a la policía de trabajo ya existente para garantizar su aplicación e impulsando por primera vez la negociación colectiva, que se generalizó como regulación básica de la relación entre el capital y el trabajo. También dejó sin efecto el decreto-ley de asociaciones sindicales sancionado por Ramírez en las primeras semanas de la revolución, que era criticado por todo el movimiento obrero.

De la mano con esta actividad Perón, Mercante y el grupo inicial de sindicalistas que concretaron la alianza (los socialistas Borlenghi y Bramuglia, principalmente), comenzaron a organizar una nueva corriente sindical que iría asumiendo una identidad laborista-nacionalista. El grupo asumió una posición anticomunista ya presente en la CGT Nº1 y, apoyándose en el poder de la Secretaría de Trabajo, organizó nuevos sindicatos en las ramas en que no había (químicos, electricidad, tabaco) y abrió sindicatos paralelos orientados principalmente a debilitar a los sindicatos comunistas (carne, construcción, textiles, metalúrgicos).

Abandono de la neutralidad y crisis del gobierno de Ramírez

Para comienzos de 1944, la alianza de Perón con los sindicatos llevó a la primera gran división interna entre los militares. Básicamente aparecieron dos grupos:

  • el primero, liderado por el Presidente Ramírez, el General Juan Sanguinetti (interventor de la crucial Provincia de Buenos Aires) y los coroneles Luís César Perlinger, Enrique P. González y Emilio Ramírez (el hijo del presidente), se apoyaba en el nacionalismo católico-hispanista de derecha y cuestionaba la política laboral pro-obrera de Perón. Este grupo logró atraer a otros sectores, de procedencias dispares, que se manifestaban preocupados por el avance sindical en el gobierno y pretendía básicamente destituir a Farrell y reemplazarlo por el General Anaya.[49]
  • el segundo, liderado por el General Farrell y el coronel Perón. Este grupo no apoyaba a Ramírez ni su plan de perpetuación en el gobierno, y había iniciado una estrategia de dotar de bases populares a la Revolución del 43, profundizando por un lado la exitosa alianza con los sindicatos en dirección a formar un nacionalismo laborista y por el otro, buscando apoyos en los partidos políticos, principalmente los radicales intransigentes y específicamente Amadeo Sabattini en dirección a consolidar el nacionalismo económico presente en el yrigoyenismo.[49]

Ferrero sostiene que el dúo Farrell-Perón intentaba conformar un «nacionalismo popular» orientado a una salida democrática del régimen, que confrontaba con el «nacionalismo elitista» no democrático que sostenía a Ramírez.[50]

Superpuesta con esta división interna del poder militar, el gobierno enfrentaba una situación internacional que le era francamente desfavorable y en la que había quedado completamente aislado. A comienzos de 1944 resultaba evidente que Alemania perdería la guerra y la presión de los Estados Unidos para que la Argentina abandonara la neutralidad era ya irresistible.

El proceso se desencadenó el 3 de enero de 1944, cuando Ramirez reconoció al nuevo gobierno boliviano, derivado de un golpe de Estado liderado por Gualberto Villarroel. Bolivia se declaró partidario de la neutralidad y propuso crear un Bloque Austral neutralista, junto a la Argentina y Chile, los únicos que se mantenían neutrales en América. A ello se agregó el escándalo por la detención por los británicos del marino Osmar Helmuth, un agente secreto alemán que había sido enviado por Ramírez, Gilbert y Sueyro a comprar armas a Alemania.

Estados Unidos reaccionó enérgicamente, denunciando que Argentina había promovido el golpe de Estado boliviano, y enviando como amenaza un portaaviones al Río de la Plata, que ancló en Montevideo. La reacción norteamericana produjo un vuelco inmediato de los líderes militares argentinos y el 26 de enero de 1944 la Argentina rompió relaciones con Alemania y Japón.[51]

La ruptura de relaciones produjo una crisis en el gobierno, debido al descontento generalizado en las Fuerzas Armadas, fundamentalmente en el grupo nacionalista católico-hispanista de derecha, principal apoyo del Presidente Ramírez. Gustavo Martínez Zuviría renunció entonces al Ministerio de Educación y lo mismo hizo Tomás D. Casares a la intervención de la UBA. Poco después, el 15 de febrero, renunciaron también los principales sostenedores de Ramírez, los coroneles González y su hijo Emilio y al día siguiente el Coronel Gilbert. Las horas del presidente estaban contadas.

[editar] Caída de Ramírez

El 23 de febrero el GOU realizó su última reunión, en la que decidió autodisolverse y exigir la renuncia de Ramírez. A partir de ese momento, durante dos semanas la situación quedaría indefinida, hasta la renuncia del presidente el día 9 de marzo.

Intentando anticiparse a los hechos, a primera hora del 24 de febrero Ramírez le pidió la renuncia al General Farrell, Vicepresidente y Ministro de Guerra. Este respondió convocando a los jefes de las guarniciones principales a su despacho y ordenando rodear la residencia presidencial. Esa misma noche los jefes de las guarniciones cercanas a Buenos Aires se presentaron ante Ramírez y le exigieron la renuncia. Ramírez presentó entonces el siguiente texto de renuncia, redactado por el coronel Enrique P. González, que llevaba una trampa:

Al pueblo de la República: Como he dejado de merecer la confianza de los jefes y oficiales de las guarniciones de la Capital Federal, Campo de Mayo, Palomar y La Plata, según me lo acaban de manifestar personalmente dichos jefes, y como no deseo comprometer la suerte del país, cedo ante la imposición de la fuerza y presento la renuncia al cargo.
Pedro P. Ramírez, general de división.
Buenos Aires, 24 de febrero de 1944[52]

La trampa se encontraba en la utilización de las palabras «cedo ante la imposición de la fuerza» lo que indicaba una revolución. La consecuencia era que, si se trataba de una revolución y no de una sucesión dentro del propio régimen, la reciente panamericanista Doctrina Guani impulsada por Estados Unidos, imponía que «cualquier gobierno establecido por la fuerza durante la guerra no debía ser reconocido hasta tanto los otros países americanos hubieran consultado a fin de decidir si parecía dispuesto a cumplir con los compromisos interamericanos». De ese modo el nuevo gobierno podía quedar sin reconocimiento y aislado internacionalmente, lo que finalmente sucedió.

Los jefes militares rechazaron los términos de la renuncia de Ramírez quien finalmente aceptó invocar la «fatiga» como razón para «delegar» el cargo de Presidente en el Vicepresidente Farrell,[53] quien al día siguiente, 25 de febrero asumió «interinamente».

Sin embargo, formalmente Ramírez seguía siendo presidente y continuó operando junto con su círculo más cercano. El 29 de febrero por la tarde veintiún generales comenzaron a reunirse para analizar una salida electoral (entre ellos estaban Arturo Rawson, Manuel Savio, Elbio Anaya, etc.). Ese mismo día el teniente coronel Tomás A. Ducó, creyendo que la reunión de los generales iniciaba un golpe de Estado de apoyo a Ramírez, sublevó el estratégico Regimiento 3 de Infantería[54] y lo dirigió a Lomas de Zamora donde tomó los edificios y posiciones claves, atrincherándose. Al día siguiente se rindió.[55]

Las reuniones de los generales continuaron incorporando también a almirantes y a radicales y socialistas. El 4 de marzo Ramírez le encomendó al dirigente político radical Ernesto Sammartino organizar un levantamiento civil, que no prosperó.[56]

Finalmente el 9 de marzo el General Ramírez presentó su renuncia en un extenso documento, difundido publicamente, en el que relata todos los pasos que llevaron a su deposición. Utilizando el texto de renuncia del Presidente Ramírez, Estados Unidos no reconocería al nuevo gobierno y retiraría a su embajador en Buenos Aires, presionando al resto de las países latinoamericanos y a Gran Bretaña para que hicieran los mismo.

De ese modo el 25 de febrero de 1944 asumió la presidencia el vicepresidente, general Edelmiro Farrell, primero interinamente y definitivamente a partir del 9 de marzo.[57]

Presidencia del General Edelmiro Farrel


El General Edelmiro Farrell fue el presidente los últimos dos años de la Revolución del 43. Estableció una estrecha alianza con el coronel Juan Perón.

El General Edelmiro Julián Farrell había sido designado vicepresidente el 15 de octubre de 1943, luego del fallecimiento de Sabá Sueyro y de un intento de Ramírez de desplazarlo del gobierno mediante una operación militar encabezada por el General Santos V. Rossi.[58] Su gobierno se caracterizaría por la doble tensión de representar a un ejército mayoritariamente neutralista y la imposibilidad de resistir la presión creciente de Estados Unidos para que Argentina se alineara incondicionalmente, a medida que la derrota de Alemania y Japón se volvía irreversible.

Desde un principio Farrell se vio enfrentado con el General Luís César Perlinger, Ministro del Interior y referente del nacionalismo católico-hispanista de derecha. El principal apoyo de Farrell sería Perón y su exitosa política laboral, a quién logró designar también como Ministro de Guerra, a pesar de la oposición de la mayoría de los ex miembros del GOU que, alarmados por las relaciones de Perón con los sindicatos, llegaron a designar al General Juan C. Sanguinetti para ese cargo, operación que fue revertida debido a la insistencia terminante de Farrell. [59]

A fines de mayo el General Perlinger intentó iniciar el camino para desplazar al dúo Farrell-Perón proponiéndose entre los ex miembros del GOU para ocupar el cargo vacante de vicepresidente. Sin embargo, contra lo esperado, perdió la votación interna entre los oficiales. El 6 de junio de 1944 Perón aprovechó el paso en falso de Perlinger para pedir su renuncia, siendo apoyado de inmediato por Farrel. Sin otra alternativa, Perlinger renunció y el propio Perón fue designado vicepresidente, sin dejar sus otros cargos. El dúo Farrell-Perón alcanzaba así su máximo poder, que sería utilizado en los meses siguientes para ir expulsando del gobierno a los demás hombres del nacionalismo de derecha: Bonifacio del Carril, Francisco Ramos Mejía, Julio Lagos, Miguel Iñiguez, Juan Carlos Poggi, Celestino Genta, entre otros.[60]

 Presión de Estados Unidos


Farrell y su gabinete. En la primera fila: Alberto Tessaire, Diego Mason, Juan Perón, Peluffo y Juan Pistarini

Simultáneamente Estados Unidos incrementó la presión sobre Argentina, presentándola como una amenaza contra la democracia, con el doble fin de que declarara la guerra al Eje y abandonara la órbita británica-europea, objetivos que se encontraban profundamente relacionados.

El 22 de junio retiró a su embajador, hecho que fue seguido por todos los demás gobiernos latinoamericanos. Sólo Gran Bretaña mantuvo a su embajador, David Kelly, en Buenos Aires. Gran Bretaña rechazaba la caracterización estadounidense del régimen argentino y aceptaba el «neutralismo» como un mecanismo para garantizar el aprovisionamiento de su población y ejércitos. Pero por encima de todo Gran Bretaña era consciente de que el objetivo real de los Estados Unidos era desplazarla como poder económico dominante, imponiendo en Argentina un gobierno pro-norteamericano y no estaba dispuesta a facilitarlo (Estados Unidos precisaría casi dos décadas más para establecer su hegemonía en Argentina). Fue necesario que el Presidente Franklin Delano Roosevelt hablara personalmente con Winston Churchill para que Gran Bretaña retirara a su embajador. El Secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull, recuerda el hecho en sus Memorias y relata que Churchill terminó aceptando la exigencia «muy a su pesar y casi con fastidio».[61]

Los británicos sostenían que Estados Unidos distorsionaba intencionalmente los hechos al presentar a la Argentina como un «un peligro» para la democracia. John Victor Perowne, jefe del Departamento Sudamericano del Foreign Office alertaba:

Si la Argentina puede efectivamente ser sometida, el control del Departamento de Estado sobre el hemisferio occidental será total. Esto contribuirá simultáneamente a mitigar los posibles peligros de la influencia rusa y europea sobre América Latina, y apartará a la Argentina de lo que se supone es nuestra órbita.[62]

En agosto Estados Unidos congeló las reservas argentinas en sus bancos y en septiembre canceló todos los permisos de exportación a Argentina de acero, madera y productos químicos, prohibiendo a cualquier barco de esa nacionalidad entrar en puertos argentinos. Finalmente Estados Unidos sostuvo una política de apoyo pleno y militarización de Brasil, paradójicamente gobernado entonces por la dictadura del filofascista Getúlio Vargas.

Las medidas tomadas por Estados Unidos aislaron a la Argentina, pero simultáneamente también llevaron a una profundización de la política industrialista y laboral.

Profundización de las reformas laborales


Las escuelas técnicas creadas por Juan Perón fueron parte tanto de un reclamo sindical como de una política de industrialización. Entre 1941 y 1946, la clase obrera industrial había crecido un 38%, pasando de 677.517 a 938.387 trabajadores.[6]

Durante 1944 Farrell impulsó decididamente las reformas laborales que proponía la Secretaría de Trabajo. Ese año el gobierno convocó a sindicatos y empleadores a negociar convenios colectivos, un proceso que no tenía precedentes en el país. Se firmaron 123 convenios colectivos que alcanzaban a más de 1.400.000 obreros y empleados. Al año siguiente se firmarían otros 347 convenios cubriendo a 2.186.868 trabajadores.

El 18 de noviembre de 1944 se anunció la promulgación del Estatuto del Peón de Campo (Decreto-Ley N° 28.194) sancionado el mes anterior, modernizando la situación semifeudal en que aún se encontraban los trabajadores rurales, alarmando a los grandes estancieros (latifundistas) que controlaban las exportaciones argentinas. El 30 de noviembre se establecieron los tribunales de trabajo, muy resistidos también por el sector patronal y los grupos conservadores.[63]

El 4 de diciembre se aprobó el régimen de jubilaciones para empleados de comercio que fue seguido por la manifestación sindical de apoyo a Perón, la primera en su apoyo y en la que habló en un acto público, organizada por el socialista Ángel Borlenghi, secretario general del sindicato, reuniendo una enorme multitud estimada en 200.000 personas.[64]

Paralelamente aumentaba la sindicalización de los trabajadores: mientras que en 1941 había 356 sindicatos con 441.412 miembros, en 1945 esa cantidad había aumentado a 969 sindicatos con 528.523 miembros.[65]

El gobierno militar con el apoyo de un sector considerable del sindicalismo estaba reconformando masivamente la cultura que sostenía las relaciones laborales, caracterizada hasta ese momento por el predominio del paternalismo característico de la estancia. Un exponente del sector patronal opuesto a las reformas laborales "peronistas" sostenía por entonces que lo más grave de las mismas era que los trabajadores habían «comenzado a mirar a los ojos» a sus empleadores.[66] En ese contexto de transformación cultural referido al lugar de los trabajadores en la sociedad, la clase obrera se ampliaba constantemente debido a la industrialización acelerada del país. Esta gran transformación socio-económica fue la base del nacionalismo laborista que tomó forma entre la segunda mitad de 1944 y la primera mitad de 1945 y que adoptaría el nombre de peronismo.[67]

 Política industrial


Altos Hornos Zapla, base de la industrialización argentina. La primera colada de arrabio se realizó el 11 de octubre de 1945, durante el gobierno del General Edelmiro Farrell.

Ramírez y sobre todo Farrell, llevaron adelante una política de industrialización que fue de la mano de la política laboral. Ambas estaban dirigiendo una transformación veloz de la sociedad argentina, provocando un crecimiento geométrico de la clase obrera y el sector asalariado, con presencia creciente de las mujeres en el mercado de trabajo, aparición de un gran sector de empresarios industriales pequeños y medianos, y una gran migración interna hacia Buenos Aires, los llamados despectivamente cabecitas negras, con componentes culturales diferentes de los que habían caracterizado a la gran ola de inmigración europea (1850-1950) que inundó el país.

Las principales medidas de política industrial del período fueron:

  • Creación de la Secretaría de Industria con rango ministerial (Ramírez, 1943).
  • Utilización del sistema tarifario (aranceles de importación) para orientarlo con un sentido proteccionista;
  • Nacionalización de los elevadores de granos y la Compañía Primitiva de Gas;
  • Intervención de la Corporación de Transporte de Buenos Aires (CTCBA), símbolo de la corrupción durante la década infame, de la que el Estado ya era el principal accionista debido a su déficit crónico;
  • Compra del ferrocarril Rosario-Mendoza;
  • Reinicio de los servicios del Ferrocarril Trasandino, cerrado durante la década infame y de gran importancia para la economía de Cuyo;
  • Creación del Banco de Crédito Industrial, decisivo para el fomento de la industria (Farrell, 1944);[68]
  • En junio de 1944, se presentó el prototipo del primer tanque mediano de fabricación argentina, que recibió el nombre de Nahuel, diseñado por el Teniente Coronel Alfredo Baisi;
  • Finalización de las obras de construcción del primer alto horno siderúrgico, en Altos Hornos Zapla, que el 11 de octubre de 1945 realizó la primera colada de arrabio;
  • Disolución de las juntas reguladores y el Instituto Movilizador, creadas durante la década infame para proteger intereses empresariales corporativos.

El 45


El dúo Farrell-Perón conformaron un eje que dominó el curso de la Revolución del 43 en los últimos dos años.

1945 fue uno de los años más importantes de la historia argentina.[69] Se inició con la obvia intención de Farrell y Perón de preparar el ambiente para declarar la guerra a Alemania y Japón con el fin de salir de la situación de completo aislamiento en que se encontraba el país, y abrir un camino hacia la realización de elecciones.

Ya en octubre del año anterior el gobierno argentino había solicitado una reunión a la Unión Panamericana para considerar un rumbo de acción común. Seguidamente nuevos miembros del grupo nacionalista de derecha fueron abandonando el gobierno: el Ministro de Relaciones Exteriores Orlando L. Peluffo, el interventor de Corrientes David Uriburu, y sobre todo el General Sanguinetti, desplazado del crucial cargo de interventor de la Provincia de Buenos Aires que, luego de un breve interregno, fue asumido por Juan Atilio Bramuglia, el abogado socialista de la Unión Ferroviaria, integrante del sector sindical que inició el acercamiento del movimiento obrero a los militares del grupo de Perón.

En febrero Perón realizó un viaje secreto a Estados Unidos para convenir la declaración de guerra, el cese del bloqueo, el reconocimiento al gobierno argentino y la adhesión de este a la Conferencia Interamericana de Chapultepec prevista para el 21 de febrero.[70] Poco después renunció el nacionalista de derecha Rómulo Etcheverry Boneo al Ministerio de Educación siendo reemplazado por Antonio J. Benítez, un hombre del grupo de Farrel-Perón.

El 27 de marzo, al mismo tiempo que la mayor parte de los países latinoamericanos, Argentina le declaró la guerra a Alemania y Japón y una semana después firmó el Acta de Chapultepec quedando habilitada a participar en la Conferencia de San Francisco que fundó las Naciones Unidas el 26 de junio de 1945, integrando el grupo de los 51 países fundadores.[71]

Simultáneamente con este giro internacional, el gobierno comenzó un giro interno equivalente dirigido a la realización de elecciones. El 4 de enero el Ministro del Interior, Almirante Tessaire, anunció la legalización del Partido Comunista. Se prohibieron los diarios pro-nazis Cabildo y El Pampero, y se ordenó el cese de los interventores universitarios para volver al sistema reformista de autonomía universitaria, a la vez que se restituía en sus cátedras a los profesores cesanteados. Horacio Rivarola y Josué Gollán fueron elegidos por la comunidad universitaria como rectores de la UBA y la UNL respectivamente, y procedieron a cesantear a su vez a los docentes que adherían al gobierno.

 Peronismo vs. antiperonismo


Spruille Braden, el nuevo embajador de EE. UU. en la Argentina, llegó a Buenos Aires el 19 de mayo de 1945. Fue el principal organizador del antiperonismo.

La característica principal del año 1945 en la Argentina sería la radicalización de la situación política entre peronismo y antiperonismo, impulsada en gran medida por Estados Unidos, a través de su embajador, Spruille Braden. En adelante la población argentina quedaría dividida en dos bandos frontalmente enfrentados: una clase obrera mayoritariamente peronista y un bando antiperonista mayoritario en la clase media (sobre todo porteña) y la clase alta.

El 19 de mayo llegó a Buenos Aires Spruille Braden, el nuevo embajador norteamericano que se desempeñaría en el puesto hasta noviembre del mismo año. Braden era uno de los dueños de la empresa minera Braden Copper Company de Chile, partidario de la política imperialista dura del «Gran Garrote»; tenía una posición abiertamente anti-sindical y se oponía a la industrialización de la Argentina.[72] Con anterioridad había desempeñado un papel relevante en la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, preservando los intereses de la Standard Oil[73] y en Cuba (1942) operando para que rompiera relaciones con España.[74] Con posterioridad se desempeñó como Subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de Estados Unidos y comenzó a trabajar como lobbista pago de la United Fruit Company impulsando el golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954.[75]

Según el embajador británico, Braden tenía «la idea fija de que había sido elegido por la Providencia para derrocar al régimen Farrell-Perón».[62] Desde un primer momento, Braden comenzó públicamente a organizar y coordinar a la oposición, exacerbando el conflicto interno.

El 16 de junio la oposición comenzó la ofensiva con el famoso Manifiesto del Comercio y la Industria en el que 321 organizaciones patronales, lideradas por la Bolsa de Comercio y la Cámara Argentina de Comercio cuestionaban duramente la política laboral. La principal queja del sector empresario era que se estaba creando «un clima de recelos, de provocación y de rebeldía, que estimula el resentimiento, y un permanente espíritu de hostilidad y reivindicación».[76]

El movimiento sindical, en el que aún no predominaba el apoyo abierto a Perón,[77] reaccionó rápidamente en defensa de la política laboral y el 12 de julio la CGT organizó un multitudinario acto bajo el lema «Contra la reacción capitalista».[78] Según el historiador radical Félix Luna esa fue la primera vez que los trabajadores comenzaron a identificarse como «peronistas».[79]

La polarización social y política continuó escalando. El antiperonismo adoptó la bandera de la democracia y criticó duramente las que llamaba actitudes antidemocráticas por parte de sus adversarios; el peronismo tomó como bandera la justicia social y criticaba duramente el desprecio por los trabajadores de sus adversarios. En sintonía con los términos de la polarización, el movimiento estudiantil expresaba su oposición con la consigna «no a la dictadura de las alpargatas»[80] y el movimiento sindical respondía con «alpargatas sí, libros no».[81]


El 19 de setiembre de 1945 la oposición antiperonista realizó la multitudinaria Marcha de la Constitución y la Libertad.

El 19 de septiembre de 1945 la oposición apareció unida por primera vez con una enorme manifestación de más de 200.000 personas, denominada la Marcha de la Constitución y la Libertad, que se dirigió del Congreso al barrio de la Recoleta. Cincuenta personalidades de la oposición encabezaban la marcha, entre ellos los radicales José P. Tamborini, Enrique Mosca, Ernesto Sammartino y Gabriel Oddone, el socialista Nicolás Repetto, los radicales antipersonalistas José M. Cantilo y Diógenes Taboada, el conservador (PDN) Laureano Landaburu, los demócratas cristianos Manuel Ordóñez y Rodolfo Martínez, el filocomunista Luis Reissig, el demócrata progresista Juan José Díaz Arana, el rector de la UBA Horacio Rivarola.

El historiador Miguel Ángel Scenna comenta aquel hecho diciendo que:

La marcha fue una espectacular demostración de poderío de la oposición. Una larga y compacta masa de 200.000 personas -algo pocas veces o nunca visto- cubrió aceras y calzadas.[82]

Se ha dicho que la manifestación estaba mayoritariamente integrada por personas de clase media y alta, lo que resulta históricamente indiscutible,[79] pero ello no invalida el significado histórico de su amplitud social y su pluralidad política. Desde el presente es posible interpretar que una de las dos mitades en que se estaba dividiendo la población estaba allí, pero en aquel momento la marcha aparecía como la unidad de prácticamente todas las fuerzas políticas y sociales que habían actuado en el país hasta entonces.

La marcha opositora impactó de lleno en el poder de Farrell-Perón y desencadenó una sucesión de asonadas militares antiperonistas que se concretaron el 8 de octubre cuando las fuerzas militares de Campo de Mayo, al mando del general Eduardo J. Ávalos (uno de los líderes del GOU), exigieron la renuncia y detención de Perón. El 11 de octubre Estados Unidos le pidió a Gran Bretaña que dejara de comprar bienes argentinos durante dos semanas para producir la caída del gobierno.[83] El 12 de octubre Perón fue detenido y llevado a la Isla Martín García. En ese momento los líderes del movimiento opositor tuvieron el país y el gobierno a su disposición. «Perón era un cadáver político»[84] y el gobierno, presidido formalmente por Farrell, estaba en realidad en manos del general Ávalos quien asumió como Ministro de Guerra en reemplazo de Perón y sólo pretendía entregar el poder a los civiles lo antes posible.

Perón fue reemplazado en la vicepresidencia por el Ministro de Obras Públicas, general Juan Pistarini quien mantuvo los dos cargos y el Jefe de la Marina el Contralmirante Héctor Vernengo Lima asumió el ministerio de Marina. La tensión llegó a un punto tal que el líder radical Amadeo Sabattini fue abucheado por nazi en la Casa Radical, un gigantesco acto civil atacó el Círculo Militar (12 de octubre) y un comando paramilitar llegó a planear el asesinato de Perón.[85]

La Casa Radical de la calle Tucumán en Buenos Aires, se había convertido en el centro de deliberaciones de la oposición. Pero los días pasaron sin que se tomara ninguna resolución y los líderes opositores cometieron graves errores: uno de ellos, no organizarse y esperar pasivamente que las Fuerzas Armadas actuaran por sí mismas. Otro error, mucho más grave, fue aceptar y muchas veces impulsar el revanchismo patronal. El día miércoles 16 de octubre era día de pago:

Al ir a cobrar la quincena, los obreros se encontraron con que el salario del feriado 12 de octubre no se pagaba, a pesar del decreto firmado días antes por Perón. Panaderos y textiles fueron los más afectados por la reacción patronal. -¡Vayan a reclamarle a Perón!- era la sarcástica respuesta.[86]

 El 17 de octubre de 1945

Artículo principal: Día de la Lealtad


«Las patas en la fuente», famosa foto de la movilización peronista conocida como Día de la Lealtad (17 de octubre de 1945), que obtuvo la liberación de Juan Perón.

Al día siguiente, 17 de octubre de 1945, se produjo uno de los hechos decisivos de la historia argentina. Un sector social desconocido, que había permanecido por completo ausente de la historia argentina hasta ese momento, irrumpió tomando Buenos Aires y exigiendo la libertad de Perón. La ciudad fue tomada por decenas de miles de obreros, provenientes de las zonas industriales que venían creciendo en la periferia de la ciudad. La multitud se instaló en la Plaza de Mayo. Se caracterizaba por la gran cantidad de jóvenes y sobre todo de mujeres que la integraban, y por el predominio de personas con el cabello y la piel más oscuros que los que concurrían a los tradicionales actos políticos de la época. La oposición antiperonista destacó esas diferencias y utilizó términos despectivos para referirse a los simpatizantes del peronismo, como «negros», «grasas», «descamisados», «cabecitas negras».[87] Fue el dirigente radical unionista, Ernesto Sammartino, el que utilizó dos años después un término muy criticado: «aluvión zoológico».[88]

Los manifestantes venían acompañados de toda una nueva generación de jóvenes y nuevos delegados de base sindicales pertenecientes a los sindicatos de la CGT, que habían comenzado a reaccionar dos días antes con la huelga de la FOTIA (azucareros). Fue una movilización completamente pacífica, pero la conmoción política y cultural fue de tal magnitud, que en pocas horas el triunfo seguro del movimiento antiperonista de una semana atrás se había diluido, al igual que el poder que aún le quedaba al gobierno militar.

Durante ese día, los mandos militares discutieron el método para frenar a la multitud. El Ministro de Marina, Almirante Héctor Vernengo Lima, propuso reprimir a los manifestantes con armas de fuego pero el General Ávalos se opuso.[89] Luego de intensas negociaciones en las que se destacó el radical Armando Antille como delegado de Perón, éste fue puesto en libertad y esa misma noche se dirigió a sus simpatizantes desde uno de los balcones de la Casa Rosada. Pocos días después se estableció la fecha de las elecciones: 24 de febrero de 1946.

Las elecciones presidenciales de 1946


El radical unionista José P. Tamborini, candidato a Presidente por la Unión Democrática en las elecciones presidenciales de 1946.

[editar] Las fuerzas políticas

Luego del 17 de octubre los dos bandos se organizaron para las elecciones.

El peronismo, con las candidaturas de Juan Perón y el radical Hortensio Quijano, no pudo sumar a ninguno de los partidos políticos existentes y debió organizarse rápidamente sobre la base de tres nuevos partidos:

Los tres partidos coordinaron su actuación política mediante una Junta Nacional de Coordinación Política (JCP), que presidía el abogado del sindicato ferroviario Juan Atilio Bramuglia. Allí se acordó que cada uno de los partidos elegiría a sus candidatos y que el 50% de los cargos correspondían al Partido Laborista mientras que el 50% restante debía distribuirse por partes iguales entre la Unión Cívica Radical Junta Renovadora y el Partido Independiente.[91]

El antiperonismo se organizó en la Unión Democrática que llevó como candidatos a los radicales José P. Tamborini y Enrique Mosca y estuvo integrada por:

El conservador Partido Demócrata Nacional (PDN), sustento principal de los gobiernos de la década infame, no pudo integrar formalmente la Unión Democrática debido a la oposición de la UCR. De todos modos el PDN dio orden de votar la fórmula Tamborini-Mosca, pero su exclusión de la alianza antiperonista facilitó su fragmentación. En algunos casos, como en Córdoba, el PDN integró formalmente la alianza.[92] Dentro de la UCR ese mismo año se formó un sector interno que adoptó el nombre de Movimiento de Intransigencia y Renovación (los intransigentes) que adoptó una posición contraria a la Unión Democrática y a los sectores de radicalismo que la apoyaban, los unionistas.

Adhirieron también a la UD pequeños partidos, como el Partido Popular Católico y la Unión Centro Independientes, así como importantes organizaciones estudiantiles (FUA, FUBA, etc.), patronales (UIA, SRA, CAC, etc.), y profesionales (Centro de Ingenieros, Asociación de Abogados, Sociedad Argentina de Escritores, etc.).

La UD llevó candidatos únicos para la fórmula presidencial pero permitió que cada partido llevara candidatos propios en los distritos. La UCR concurrió efectivamente con candidatos propios en todos los casos, pero las otras fuerzas utilizaron diversas variantes. Los demócratas progresistas y comunistas establecieron en la Capital Federal una alianza llamada Unidad y Resistencia que llevaba como candidatos a senadores a Rodolfo Ghioldi (PC) y Julio Noble (PDP). En Córdoba la alianza incluyó a los conservadores del PDN. Los socialistas se inclinaron también por presentar candidatos propios.

La campaña

El peronismo, que registraba una importante participación femenina en las marchas sindicales, propuso reconocer los derechos políticos de las mujeres. Paradójicamente, la Asamblea Nacional de Mujeres presidida por Victoria Ocampo, que adhería a la Unión Democrática, se opuso a la iniciativa por considerar que era una maniobra electoral y el proyecto finalmente no logró imponerse.[93] De todos modos Perón fue acompañado durante la campaña por su esposa, Eva Duarte de Perón, lo que constituyó una novedad para la cultura política argentina.

Durante la campaña electoral el gobierno sancionó el decreto-ley 33.302/45 creando el Sueldo Anual Complementario (SAC) y otras mejoras laborales. Las organizaciones patronales resistieron abiertamente la medida y al finalizar diciembre de 1945 ninguna empresa había pagado aún el SAC. En respuesta la CGT declaró una huelga general, que fue respondida a su vez por el sector empresario con un lock-out en las grandes tiendas comerciales. La Unión Democrática, incluyendo los partidos obreros que la integraban (Socialista y Comunista), apoyó en el conflicto al sector patronal oponiéndose al SAC, mientras que el peronismo apoyó abiertamente a los sindicatos en su lucha por garantizarlo. Pocos días después los sindicatos obtuvieron una importante victoria, que fortaleció al peronismo y dejó descolocadas a las fuerzas antiperonistas, al acordar con el sector empresario el reconocimiento del «sueldo anual complementario» y su pago en dos cuotas.[94]

Otro hecho importante sucedido durante la campaña fue la publicación del Libro azul. Menos de dos semanas antes de las elecciones, el 11 de febrero de 1946, tomó estado público una iniciativa oficial del gobierno de los Estados Unidos, con el título de Consulta entre las repúblicas americanas respecto de la situación argentina, que fue más conocido como el Libro azul. La iniciativa había sido preparada por Spruille Braden y consistía en un intento, por parte de Estados Unidos de proponer internacionalmente la ocupación militar de Argentina, aplicando la llamada Doctrina Rodríguez Larreta. Una vez más ambos sectores adoptaron posiciones frontalmente opuestas: la Unión Democrática apoyó el Libro azul y la inmediata ocupación militar de Argentina por fuerzas militares lideradas por Estados Unidos; adicionalmente exigió la inhabilitación legal de Perón para ser candidato. Perón a su vez contraatacó publicando el Libro Azul y Blanco (en referencia a los colores de la bandera argentina) y haciendo público un eslògan que establecía una disyuntiva contundente, «Braden o Perón», que tuvo una fuerte influencia en la opinión pública al momento de votar.[82]

[editar] Las elecciones

En general las fuerzas políticas y sociales de la época preveían una segura y amplia victoria de la Unión Democrática en las elecciones del 24 de febrero de 1946. El diario Crítica calculaba que Tamborini obtendría 332 electores contra solo 44 de Perón.[95] Incluso, en febrero de 1946, los demócratas progresistas y los comunistas habían preparado un golpe de Estado conducido por el Coronel Suárez, que la Unión Cívica Radical consideró innecesario porque consideraron que la elección estaba ganada.[96]

Ese mismo día, poco después de cerrado el comicio, el dirigente socialista Nicolás Repetto ratificaba esa seguridad en la victoria, a la vez que elogiaba la limpieza con que se realizaron:

Puede asegurarse que el régimen imperante ha sido abrumadoramente derrotado por las fuerzas democráticas, en una jornada cívica en que cabe reconocer que las fuerzas armadas han cumplido con su palabra de garantizar la pureza del acto electoral.[97]

Contra todos los pronósticos y las expectativas de ambos bandos, Perón obtuvo 1.527.231 votos (55%) contra 1.207.155 votos que apoyaron a Tamborini (45%), ganando además en todas la provincias menos Corrientes.[98]

Del lado peronista, el sector sindical organizado en el Partido Laborista obtuvo el 85% de los votos. De lado antiperonista, la derrota fue particularmente decisiva para los partidos Socialista y Comunista, que no lograron ninguna representación en el Congreso Nacional.

Consecuencias

El triunfo del peronismo en 1946 inauguró dos gobiernos consecutivos de Juan Perón, que fue reelegido en 1951 para el período 1952-1958. El gobierno peronista se caracterizó por haber efectuado grandes reformas laborales y económicas (nacionalización de empresas e industrialización), por establecer el sufragio femenino y la igualdad política y civil de varones y mujeres, y por una amplia redistribución del ingreso en favor de los asalariados. En 1949 se sancionó una nueva constitución realizada en su totalidad por los representantes peronistas, pues la oposición se retiró de la Convención Constituyente luego de impugnar su legitimidad.

En general los trabajadores y los sindicatos apoyaron fuertemente al gobierno peronista. Por el contrario, los sectores medios y altos cuestionaron duramente al peronismo acusándolo de no respetar las reglas de la democracia, que los llevó a participar en varios intentos de golpes de Estado militares y organizando milicias civiles con el fin de derrocar al peronismo. En la Unión Cívica Radical el sector unionista fue desplazado de la conducción por los intransigentes, liderados por Arturo Frondizi y Ricardo Balbín.

En junio de 1955, con el fin de derrocar al gobierno, sectores cívico-militares antiperonistas utilizando aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo causando más de 300 muertos. Finalmente el 23 de septiembre de 1955 Perón fue derrocado por un golpe de Estado que instaló una dictadura militar llamada Revolución Libertadora que puso fuera de la ley al peronismo, proscripción que se mantendría con variantes durante 18 años, hasta 1973. Durante ese período Perón permaneció exiliado en España.

En 1972 el peronismo legalizado por la dictadura militar de Lanusse. En las elecciones presidenciales del 11 de marzo de 1973 triunfó el candidato peronista Héctor J. Cámpora con 49% de los votos, quien renunció poco después para permitir la realización de elecciones libres en la que pudiera presentarse Perón. Realizadas el 23 de septiembre de ese mismo año, Perón obtuvo el 62% de los votos, el porcentaje más alto de la historia argentina. Sin embargo su gobierno duró pocos meses, ya que murió al año siguiente.







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