Centro de estudios peronista José Armando Gonzáles - Ateneo: Nelly A. Moscheni de Gonzáles. Fundado el 08-10-2011.
  La Vida por Perón
 
 

 

Centro  de  Estudios  Peronista:  José  Armando  Gonzáles

Ateneo:  Nelly  A.  Moscheni  de  Gonzáles

Fundado el 08 – 10 – 2.011

 

 

 

FUENTE: Enrique Oliva

 

La Vida por Peron, Existio la resistencia peronista de 1955 ?

April 3rd, 2006

La Resistencia Peronista comenzada en 1955 es una gesta nacional que no debemos olvidar y en cambio honrarla y repensarla. El 19 de setiembre de aquel año, no solo se inició un baño de sangre contra el pueblo argentino, sino que comenzó la destrucción de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

La Resistencia Peronista surgió rápida y espontánea en las bases populares indignadas por el derrocamiento del presidente legítimo General Juan Perón, cuando sus dirigentes estaban presos, exiliados o escondidos. Esa reacción, sostenida por muchos años, no tiene precedentes en el país. Yrigóyen también fue un líder popular pero su caída no generó nada parecido.

Cuando se dice Resistencia Peronista (y con mayúsculas), es porque sus iniciadores fueron exclusivamente peronistas. Los demás partidos políticos sin excepción aplaudieron la caída del gobierno popular y colaboraron en la Junta Consultiva avalando sus atropellos.

Así nació el fenómeno de la Resistencia Peronista, con un claro objetivo: el retorno al poder del gobernante que le había dado una década de felicidad, con derechos y esperanzas. De inmediato el pueblo comprendió que le robaban junto al líder a sus mayores ideales patrióticos. Por eso los humildes inventaron el Perón Vuelve, con la V y la P. Y ante las difamaciones de todo tipo contra el presidente legal (le hicieron 102 juicios criminales), respondían -degenerado y ladrón nos quedamos con Perón.

Con quienes fueron algo en el Movimiento Peronista como cuantos justicialistas resistían a la dictadura, se llenaron todas las cárceles del país, incluso rehabilitando la de Tierra del Fuego, como también cuarteles, comisarías y hasta escuelas, barcos y el propio Congreso Nacional. Este último usado como centro de torturas de los Comandos Civiles.

La Junta Consultiva, integrada por todos los partidos políticos con la sola excepción del peronismo proscrito, premió sin castigo o reproche alguno, a los Comandos Civiles que pusieron explosivos en una concentración obrera en Plaza de Mayo el 15 de abril de 1953, dejando cinco muertos humildes y más de 60 heridos, varios de ellos inválidos permanentes. Roque Carranza, jefe civil de aquel asesino grupo terrorista, después sería Ministro de Defensa del presidente Alfonsín y ahora lleva su nombre un viaducto. También hizo –héroes- a quienes bombardearon a Buenos Aires el 16 de junio de 1955 con no menos de 350 muertos civiles, 610 heridos y 79 lisiados. Y a este otro jefe civil de tal monstruosidad, Miguel Angel Zabala Ortíz, luego canciller de Arturo Illia, la Municipalidad de la ciudad por él bombardeada y ametrallada, proyecta ponerle su nombre a una plazoleta.

La Junta Consultiva también contribuyó a demoler la obra industrializadora y de justicia social del General Perón y Evita. No se les movió un pelo a sus miembros por los fusilamientos del 9 de junio de 1956, ni con las desapariciones, torturas y encarcelamientos por aquel intento.

El socialista Alfredo Palacios, embajador de la dictadura en Uruguay, envió un telegrama diciendo a destiempo: -Pido clemencia para los delincuentes..

La Junta Consultiva estimuló la criminalización del mayoritario Partido Peronista y de todos sus integrantes. La vida de cualquiera de ellos no valía nada y podía ser objeto de cualquier vilesa. No eran ciudadanos dignos sino cómplices de lo que los antidemocráticos llamaban -la canalla, los seguidores -descamisados del -tirano sangriento.

A los justicialistas no se les reconocía ni siquiera la más mínima condición de ser humano y en esa tarea contribuyeron todos los partidos políticos, las corporaciones económicas. La Iglesia, silencio absoluto.

Muchos pastores abandonaron el rebaño para ponerse junto a los lobos de la Libertadora. Fueron contados los clérigos, y menos los que ostentaban alguna jerarquía, que se ocupaban por la vida y libertad de los inocentes. De nada de eso se ha pedido perdón con claridad, cuando el Papa lo ha hecho desde los abusos católicos contra los indígenas americanos y hasta las cruzadas.

En el reciente acto de Plaza de Mayo del jueves pasado, los convocantes, según se publicó, eran -360 organizaciones de derechos humanos. No es de criticar esa conmemoración, pero generó una reflexión entre los viejos peronistas y sus familias que sufrieron tantas injusticias: ¿Alguna de esas instituciones de DDHH existían en 1955 y se ocuparon de los perseguidos? No.

Los empresarios aprovechaban para despedir sin indemnizar a los obreros peronistas acusándolos de -comunistas y entregándolos a la tortura o la muerte a los delegados de fábricas.

Los constantes allanamientos de las Fuerzas de Seguridad y los Comandos Civiles, cometían atrocidades, saqueando o destruyendo cuanto no podían llevarse de los hogares, humildes o no. Viviendas construidas y pagadas por sindicatos y a punto de estrenar, se las autoadjudicaron a grupos militares. Vaya un ejemplo: El edificio ahora llamado Alas, en su momento el más alto del mundo de cemento armado, desde 1955 pasó a ser ocupado por familias de oficiales de la Fuerza Aérea y aun siguen con ellas.

Una de las primeras huelgas que se hicieron en Buenos Aires fue las de los tranviarios. Todos sus delegados fueron detenidos y los obreros se negaban a trabajar. Entonces la FUBA se ofreció a sustituirlos.

Los memoriosos de aquella época y los medios de difusión registraron como, en curso acelerado, los estudiantes universitarios manejaban los tranvías, llevando al lado un soldado con bayoneta calada. Lo mismo ocurrió con los trolebuses. ¿O no?

El decreto 4161, una monstruosidad jurídica sin igual, permitió muertes, detenciones y torturas como el destrozo de viviendas humildes. De esa forma se prohibía con cárceles y multas la sola mención de las palabras Perón o Evita, como sus derivadas y familiares.

Lo cierto e innegable es que la Resistencia Peronista mantuvo viva la llama de la rebelión contra todas las dictaduras, como contra los gobiernos ilegales de Frondizi, Guido e Illía, con el justicialismo proscrito y criminalizado.

Qué fue de aquella rebelión del 55?

Cumplido el objetivo del retorno de Perón a la Patria, cada uno se fue a rehacer sus hogares. Pero se reintegraron a la lucha, contribuyendo para hacer ingobernable al país sin democracia, hasta en la última dictadura. Los hombres y mujeres de la Resistencia no fueron nunca comiteriles ni buscaron recompensas con cargos públicos como honores merecidos. Nunca tuvieron tampoco prensa porque eran en su inmensa mayoría simples obreros desconocidos.

LOS RESISTENTES PERONISTAS JAMÁS PIDIERON COMPESACION ALGUNA Y MENOS EN DINERO. QUE ESTO QUEDE CLARO.

Hoy son abuelos envejecidos, en su inmensa mayoría viven en la pobreza, enfermos, olvidados. No obstante, ellos y sus hijos hicieron cuanto pudieron cuando la Patria los precisó. Y volvieron a la lucha una y otra vez.

PORQUÉ HOY SE MARGINA A LOS PERONISTAS DEL 55?

Ven como una reiterada discriminación desmoralizante, inmoral, el dictarse leyes que han dado -reparaciones económicas a luchadores a partir de los años 70. ¿Y los años de plomo anteriores no existieron? ¿Se los borró de la historia como a los federales del Siglo XIX? ¿Ha sido un pecado imperdonable que la Resistencia del 55 fuera exclusivamente peronista?

Los pocos resistentes vivientes del 55 no le quitan méritos a nadie, pero se siente burlados, marginados. El drama de los viejos luchadores patrióticos, se sienten marginados injustamente, olvidados, menospreciados. A algunos se les ha concedido una mísera pensión que no llega a los 300 pesos mensuales pero no como resistentes, sino por que ley acuerda ese subsidio a todos los no jubilados y mayores de 70 años de edad.

Es verdad que han existido muchos proyectos de reparación, pero todos, todos, han sido cajoneados por alguna mano negra. El último logró la aprobación de Diputados, pero nadie sabe en Senadores dónde fue a parar ni porqué.

Nadie se explica ese maltrato. Tampoco el dejar un vacío histórico entre 1955 y 1970. Es de esperar que esta situación entre en la promesa presidencial del jueves pasado de -revisar la historia.

Enrique Oliva

 

 

FUENTE: ALTERMEDIA.INFO

LA MUERTE DE ENRIQUE OLIVA

Homenaje a Enrique Oliva, 1923-2010

 

Este homenaje fue propuesto a la Junta Departamental de la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA por la agrupación universitaria La Mariátegui y aprobado por unanimidad.

 

Por La Mariátegui

 

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 03/03/10.- Hay hombres que hacen historia. Hay hombres que luego la escriben. Muy pocos son aquellos que hacen de ambas posibilidades una profesa obligación. Ayer partió rumbo al comando celestial con los grandes del Pueblo y de la Patria, quien fue para nosotros un gran argentino, Enrique Oliva. Luchador incansable, guerrillero revolucionario, académico destacado, periodista censurado. Un hombre que protagonizó la historia argentina y que dejó testimonio escrito de los problemas de su época, no con la común intención autobiográfica o autocomplaciente sino con la firme esperanza de que las juventudes sepan hacer de su legado convicciones templadas en el camino hacia la liberación nacional.

 

Doctorado en Ciencias Políticas, Don Enrique se desempeñó como docente y Secretario General en la Universidad Nacional de Cuyo, fue miembro fundador del Conicet y de la Universidad Nacional de Neuquén, hoy Comahue, de la que también fuera su primer Rector.

 

Enrique Oliva fue proscripto políticamente luego del golpe de 1955 como tantos otros por la Revolución Fusiladora. En 1956 se exilia en Venezuela, donde establece íntimo contacto con el líder popular, Juan Domingo Perón. Vuelto al país continuó con su militancia política, participando activamente del Movimiento Peronista de Liberación-Ejército de Liberación Nacional, también llamado "Uturuncos"; fue apresado en 1960 junto a su compañero el gallego Mena. El Consejo de Guerra que los condenó a seis años y medio de prisión les sindicó los siguientes delitos: "intimidación pública", "promotores de conspiración para la rebelión", siendo ellos los "cabecillas e inspiradores de la guerrilla". Las mismas razones son las nuestras, entre otras varias, para evocarlo y hacerle este humilde homenaje.

Purgó cuatro años de prisión hasta ser amnistiado por el gobierno de A. Illia.

 

Compartiendo causa y prisión junto a John William Cooke, Oliva fue ícono de la Resistencia. Consciente del trabajo cínico y premeditado de quienes tradicionalmente no han cesado la lamentable cruzada por privar al Pueblo de su propiedad sobre la historia nacional de la que siempre es protagonista, dio vida a la Agrupación de la Resistencia Peronista con el objeto de rescatar de la más oscura penumbra a la que muchos querían destinar a aquel período de nuestra historia. En esos años funda y dirige el periódico "El grasita".

 

Esta última tarea, entendemos, será fecunda. En este sentido hacemos nuestra una de sus últimas causas por la cual pedía que se establezca un Archivo Nacional de la Memoria desde 1955.

 

Quizá uno de sus mayores orgullos era haber sido parte de la generación del '55. Enrique recuerda en unos de sus escritos más recientes: "Ante el golpe de 1955, en la Villa Manuelita de Rosario de Santa Fe se exhibía una desafiante y orgullosa leyenda garabateada en un pedazo de sábana, diciendo: -Cuatro gobiernos extranjeros han reconocido a la junta militar. Villa Manuelita no. Una prueba de digna y creativa combatividad popular." De eso fue parte Don Oliva. De la lucha cotidiana y popular de los hombres contra los gigantes que dominaron ignominiosamente al país mediante dictaduras y gobiernos ilegales.

 

En 1976 retoma el exilio, esta vez en París, luego de sufrir el secuestro de dos de sus hijos. En la ciudad luz y con el seudónimo de François Lepot se desempeña como corresponsal en Europa del diario Clarín. Años aquellos en los que templa una relación estrecha con otro grande, el historiador de mérito Don José María Rosa. Desde allí relató la Guerra de Malvinas, transformando sin querer a sus artículos en lectura obligada para aquellos que buscan tratar la cuestión bélica. En 1986 fue el primer periodista argentino en pisar el suelo patrio de Malvinas.

 

Fue miembro de la Academia Nacional de Periodismo.

Entre las obras más relevantes del maestro Enrique Oliva, caben destacarse "Política y Negocios", "Política Universitaria", "La guerra revolucionaria en los Estados Unidos", "De Ghandi a Goa", "En el Golfo", "Malvinas: el colonialismo de las multinacionales", "Desde Londres", "El rey de Araucania y Patagonia" y "Vida cotidiana".

 

En el trabajo incansable que tenemos por delante los historiadores de bien, el recuerdo de una figura como Don Enrique Oliva no puede ser omitido, más aún cuando se trata de un hombre con las características mencionadas. No recordarlo, en esta perspectiva, es ser funcional a aquellos que pretenden que el olvido sea el correlato último, la función final, sobre las historias de los hombres de permanente y honrado compromiso.

Vaya pues entonces el reconocimiento de esta Junta Departamental de la carrera de Historia de la Universidad de Buenos Aires, al respetable recuerdo del Dr. Enrique Oliva.

 

Enrique Oliva, un hidalgo del pueblo

Por Roberto Bardini

 

Artículos de Roberto Bardini editados en Rebanadas

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Homenaje a Enrique Oliva, 1923-2010 - Por La Mariátegui

El peronismo no tiene intelectuales, tiene pensadores - Por Alberto Buela

Rebanadas de Realidad - Bambú Press, Buenos Aires, 03/03/10.- Nacido en Mendoza e hijo de inmigrantes andaluces, era un aristócrata de los nuestros. O, como de sí mismo decía el francés Jacques de Mahieu, "un hidalgo del pueblo", que también los tenemos. Porque Enrique Oliva fue un hombre culto, elegante y caballero, de los que no heredan estirpe sino que se construyen desde abajo. Pertenecía al incorregible campo nacional y popular, y cuando fue necesario, no eludió la acción directa ni el riesgo físico.

 

Era doctor en Ciencias Políticas y había sido profesor en las universidades de Cuyo y de Neuquén, de la que fue rector organizador antes de que se transformara en la del Comahue, pero jamás posó de académico. Participó en 1951 de la fundación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), organismo que años después y a causa de su militancia peronista, lo ninguneó olímpicamente. No le importó: no le interesaba ser funcionario público al costo de cerrar la boca, agachar el lomo y mirar hacia otro lado. También fue, hasta 1955, director de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero no descendió a las amaneradas ínfulas de ciertos diplomáticos de carrera. Y fue, sobre todo en los activos últimos años de su vida, un pensador al que no le gustaba que lo etiquetaran como intelectual.

 

Sus credenciales eran otras. En un medio donde proliferan cagatintas y ganapanes, se consideraba un periodista. En una época en que pululan mojigatos y cobardes, se enorgullecía de haber integrado la Resistencia Peronista. Y en una etapa de amnesia inducida y desmalvinización, estaba dedicado a la causa de las Islas Malvinas. Lo hacía con un vigor del que hoy parecen carecer muchos cuarentones y cincuentones distraídos con trenzas políticas de pasillo, andinismo laboral, Boca y River, el baile del caño o los culos del verano, endebles marcas registradas de cancherismo local, que arruga al primer amague.

 

Oliva creyó, como Miguel de Unamuno en El Sepulcro de Don Quijote, que "en cuanto una alucinación se hace colectiva, se hace popular, se hace social, deja de ser alucinación para convertirse en una realidad". Lo demostró hasta el último día de su fecunda vida.- 

 






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